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sábado , 27 noviembre 2021
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El jardín se ubica en el municipio de San Andrés Cholula. (Andrés Lobato)

Jardín Etnobotánico Francisco Peláez Roldán, guardián de la flora mexicana

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RAFAEL GONZÁLEZ. MILENIO PUEBLA.

Este espacio etnobotánico es protector de la biodiversidad, centro de estudio, promotor de la cultura ecológica y conservación de la vida silvestre local.

PUEBLA, Puebla. Fundado en 1993, el Jardín Etnobotánico Francisco Peláez Roldán se ha convertido a través de los años en un protector de biodiversidad, centro de estudio, promotor de la cultura ecológica y conservación de la vida silvestre local.

Asentado en el municipio de San Andrés Cholula, en una extensión de media hectárea, es decir, 5 mil metros cuadrados, este recinto se ha especializado en plantas y hierbas que están íntimamente relacionadas con el ser humano, por lo cual es etnobotánico.

En este lugar se pueden aprender los diferentes usos y aportaciones de las plantas a lo largo de la historia ya sea por su perfume, sus propiedades medicinales, sabor, color o por los simbolismos y poderes especiales que se les han atribuido.

Hay un jardín de mariposas donde se estudian las plantas que las benefician. (Andrés Lobato)

Una muestra de ello es que cuenta con casi 700 especies de plantas desde medicinales, aromáticas y culinarias, tanto mexicanas como de muchas partes del mundo, entre ellas el ginkgo biloba, que ha estado en la Tierra desde hace 50 millones de años, por lo que es considerado un fósil viviente.

“Es nativo de China y el único sobreviviente del linaje de las Ginkgopsidas, que dominaban la Tierra hace 200 millones de años. En ese tiempo ni siquiera existía el terreno que estamos pisando ahorita. Todo esto estaba bajo el océano”, informa Cristóbal Sánchez Sánchez, director del Área de Investigación.

Precisa que en el jardín albergan unas mil o mil 200 variedades, “considerando las variantes que presentan estas plantas”, las cuales están organizadas en varias colecciones científicas:

“Esta es una de las características que distingue a los jardines botánicos de otros espacios con plantas”. Asimismo, indica que el objetivo de estos espacios es la conservación de especies, la educación ambiental y la investigación: “En estas colecciones vivas podemos hacer estas actividades, estudiando las plantas, acercando a la gente a sus aprovechamientos, a las historias que guardan, porque cada planta que nos rodea en las ciudades, en los campos, tiene algo que contar cada una”.

En ese sentido, comenta que colecciones se agrupan por diferentes temáticas: “Tenemos una colección de plantas culinarias, son plantas para la cocina, y también muchas son medicinales; tenemos otra colección de gran interés cultural, que por su significado las encontramos en nuestro escudo nacional, en actividades como danzas folclóricas, en canciones, etcétera”.

«Estudiar las plantas, acercar a la gente a sus aprovechamientos, a las historias que guardan»: Cristóbal Sánchez. (Andrés Lobato)

Colecciones y espacios

Cristóbal Sánchez apunta que uno de los espacios es un jardín blanco, el cual agrupa especies cuyas flores son de dicho color y por una temporada se pinta esa zona. Además, hay un jardín de mariposas, que está a cargo del biólogo Jorge Flores, “que ya lleva varios años en el estudio y la documentación de varias plantas que benefician a las mariposas y que ha dado lugar a que en el jardín haya unas 45 especies que aquí se reproducen y no llegan de otros sitios. Aquí completan el ciclo”.

Existe también el jardín de lavandas, son varias especies, todas de origen mediterráneo: “Aparte de su valor estético, estas plantas sirven para la relajación, meditación y la aromaterapia en general”.

Además, hay una colección de plantas de Veracruz que se localiza en el jardín Jarocho y también se cuenta con el jardín de reciclado, donde hay varios ejemplos de cómo se pueden reutilizar materiales para tener las plantas.

Mientras, el espacio posee un huerto urbano, uno rural y una zona demostrativa para que los visitantes puedan conocer cómo se cultivan las plantas y, por último, el santuario y observatorio de aves, que también tiene una colección de plantas muy específicas para beneficiar a las aves tanto residentes como migratorias que les visitan.

Cristóbal Sánchez presume que de Puebla tienen al casahuate o cazahuate, mismo que se localiza en el jardín blanco: “Es una de las seis especies del género Ipomoea, que crece de una manera arborescente. La mayoría de las parientes de estas plantas son herbáceas trepadoras, entonces es un grupo muy reducido, que son unos árboles muy bellos”.

Asimismo, de la zona hay varias plantas medicinales, “el árnica, por ejemplo. Tenemos en las colecciones muchas plantas cultivas, como los chilacayotes, ayocotes, maíces, frijoles, que también son emblemáticas de la región”. También se tienen muchas especies de romeros, albahacas, tomillos, mentas, pero “no es común encontrar este tipo de combinaciones de plantas”.

Durante el recorrido se muestra el floripondio o burundanga brumancia y la adelfa, ambas psicotrópicas; así como una lipia, de la cual hay 300 mil plantas o variedades en el mundo.

El espacio posee un huerto urbano, uno rural y una zona demostrativa. (Andrés Lobato)

El jardín cuenta con una salvia mexicana, de la cual hay más de 315 especies: “Da muchas semillas, pero pocas germinan. Tiene dos temporadas de floración”.

Otros de los ejemplares son el nopalillo, “es el que está en el escudo nacional. Las flores de la tuna son cerradas”; y una Cascaleba ayoyote, “que sirve para hacer instrumentos musicales”.

En el recinto también se encuentra una colección de insectos de la región con más de 3 mil 600 ejemplares, entre ellos, escarabajos, mantis, crisopas, mantis, chinches, pulgones chicharras, libélulas, abejas, avispas.

A la par, se desarrolla un Banco de Semillas, donde existen alrededor de 700 especies tanto comestibles, medicinales, culinarias, silvestres, árboles y arbustos colectados desde 2012 hasta la fecha.

“Se resguardan semillas con cuatro propósitos: semillero temporal, se quedan por un tiempo y se vuelven a sembrar en el jardín; otras son para venta; también están para la educación ambiental; y con fines de investigación”.

Del mismo modo, se ha conformado un herbario, “que es una colección de plantas herbolizadas con fines científicos, cada planta viene con una ficha técnica, donde se indica de dónde proviene la planta, dónde fue colectada, quién la colectó, cuál es el nombre científico, nombres comunes, usos, coordenadas de colecta”.

Agrega que algunos de los usos que se le puede dar a esta colección es para tener un registro, “ya que muchas especies nuevas se llegan a encontrar en los herbarios. Después de estar guardadas alguien revisa el conjunto de colectas que hay y puede llegar a encontrar si alguna especie es nueva, como ha pasado ya en la historia de la botánica”.

En ese sentido, precisa que cada año se descubren unas 100 plantas nuevas tan solo en México: “Hay de hongos, anfibios, réptiles y mamíferos”.

El Jardín Etnobotánico Francisco Peláez cuenta con casi 700 especies de plantas. (Andrés Lobato)

Apoyos y cursos

Por su parte, Paulina Rendón Poujol, encargada de la Coordinación de Educación Ambiental, hace saber que este recinto es miembro de la Asociación Mexicana de Jardines Botánicos y del Botanic Gardens Consevation International (BGCI).

Además, presenta trabajos para la Agenda Internacional para la Conservación en los Jardines Botánicos y se tiene bien consolidada la parte de la educación ambiental.

“Tenemos una propuesta educativa muy amplia, gracias a la cual estamos reconocidos por la Semarnat como un centro de educación y cultura ambiental”.

Explica que es una sociedad civil y la entrada es gratuita como una invitación a la población para que disfrute de este espacio.

“El proyecto se mantiene fundamentalmente a partir de los ingresos obtenidos por los proyectos educativos, dirigida a escuelas de todos los niveles, desde preescolar hasta posgrado y también grupos organizados”.

De igual forma, cuenta con financiamientos de Semarnat y Conacyt, lo que permite mantener los proyectos de investigación.

Paulina Rendón Poujol, encargada de la Coordinación de Educación Ambiental. (Andrés Lobato)

No obstante, otra parte fundamental para los ingresos son las visitas guiadas donde se platica sobre las plantas y sus usos; de los espacios de biodiversidad y de cómo se puede contribuir a la conservación de las especies de la región utilizando los espacios del jardín, como un ejemplo.

Entre sus aportaciones está la divulgación de diversas publicaciones, artículos y libros, entre ellas una colección de guía de flora y fauna de la región coeditada con la Universidad de las Américas Puebla (Udlap), así como unas guías de mariposas, de coleópteros, de plantas medicinales de la región y de aves: “Estos proyectos fundamentalmente tienen el propósito de contribuir a la conservación de la biodiversidad de la región de Cholula”.

Respecto a sus cursos, actualmente se imparten en grupos pequeños con todas las medidas sanitarias establecidas. Su registro se lleva a cabo en la página de Internet del jardín, desde donde se manda toda la información con la lista de talleres, guías y charlas.

“La propuesta es multinivel, la pueden tomar niños pequeños hasta grupos con estudios especializados. Cada taller se adecúa a las necesidades del grupo”, concluye.

FUENTE: https://www.milenio.com/ciencia-y-salud/naturaleza/puebla-jardin-etnobotanico-francisco-pelaez-resguarda-flora-mexicana

 

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