viernes , 20 septiembre 2019
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FOTO: UNFCCC/James Dowson. Sesión plenaria de clausura de la COP24 en Katowice, Polonia.

La cumbre del clima cierra un pacto poco ambicioso para evitar el fracaso

MANUEL PLANELLES. EL PAÍS. Con información de la ONU.

Los 200 países reunidos en Polonia establecen el desarrollo del Acuerdo de París, pero atenúan las referencias al informe que pide medidas drásticas por las presiones de EE UU.

Los 200 países que participan en las negociaciones sobre el clima han desarrollado las reglas para combatir un calentamiento que ya no se puede revertir, sino solo aminorar.

La cumbre del clima de la ONU que se ha celebrado en la ciudad polaca de Katowice, la conocida como COP24, ha conseguido cerrar la noche de este sábado un pacto que servirá para desarrollar el Acuerdo de París a partir de la próxima década, cuando se debe aplicar. Las tensiones entre los bloques de países a la hora de asumir que es necesaria más ambición en la lucha contra el cambio climático han estado muy presentes en las negociaciones. En el lado más conservador, se han situado Estados Unidos y Arabia Saudí; al otro, la Unión Europea y un grupo de países en desarrollo y pequeños Estados insulares amenazados por el incremento del nivel del mar, que intentaban incrementar la ambición.

En este tipo de cumbres —en las que participan casi 200 países— los acuerdos deben ser aceptados por unanimidad de todos los Estados. De ahí, que las negociaciones se puedan alargar y bloquear durante horas, como ocurrió de nuevo el viernes, cuando debería haber acabado la cumbre.

El texto final aprobado es menos ambicioso que los borradores que se manejaban en un principio, fundamentalmente, en el apartado referido a los recortes de emisiones de gases de efecto invernadero que se necesitan hacer. “La COP24 no ha recogido la ambición necesaria ni los compromisos de los países para que aumente la acción climática”, resume Tatiana Nuño, experta en negociaciones climáticas de Greenpeace. 

De esta cumbre debían salir dos cosas. Por un lado, el desarrollo del reglamento para aplicar el Acuerdo de París. Por otro, una declaración que tenía que recoger las conclusiones del informe de expertos que asesoran a la ONU que advierte de que el mundo se está quedando sin tiempo para evitar las peores consecuencias del cambio climático.

Respecto al primer punto, la parte más importante del reglamento del Acuerdo de París sí se ha aprobado. Pero ese desarrollo no se ha podido completar. El apartado referido a los mercados de carbono (el intercambio de cuotas de emisiones de gases de efecto invernadero entre países) bloqueó durante horas la negociación. Finalmente, ante las pretensiones de Brasil, cuya economía se ve favorecida por esos mecanismos al contar con amplias zonas forestales, se ha decidido que este asunto se cerrará dentro de un año, en la próxima cumbre.

El resto del reglamento, que incluye medidas de transparencia común, recortes, adaptación a los impactos del calentamiento global y financiación, se ha cerrado satisfactoriamente.

El Programa de Trabajo del Acuerdo de París es la base de un nuevo proceso contra el cambio climático

El Secretario General de la ONU, António Guterres, aseveró que el Programa de Trabajo constituye el cimiento de un “proceso transformador que requerirá una ambición reforzada de la comunidad internacional”.

“[La reunión de] Katowice ha mostrado una vez más la resiliencia del Acuerdo de París, nuestra hoja de ruta para la acción contra el cambio climático”, sostuvo Guterres en su mensaje para el cierre de la 24ª Conferencia de las Partes de la Convención sobre el Cambio Climático (COP24), pronunciado por la Secretaria Ejecutiva de la Convención Marco de la ONU contra el Cambio Climático (UNFCCC), Patricia Espinosa.

Guterres recordó que la ciencia ha evidenciado que hace falta una mayor ambición para derrotar al cambio climático. “Ambición en la mitigación. Ambición en la adaptación. Ambición en el financiamiento. Ambición en la cooperación técnica y la creación de capacidades. Ambición en la innovación tecnológica.”

Agregó que esa ambición debe ser el núcleo de la Cumbre sobre el Cambio Climático que se celebrará en septiembre de 2019.

“Y la ambición debe guiar a todos los Estados miembros al preparar las contribuciones nacionales que presentarán en 2020 para revertir la tendencia actual en la que el cambio climático sigue avanzando más rápido que nosotros”, apuntó el Secretario General.

Para terminar su mensaje, Guterres consideró que es un deber hacer siempre más y exhortó a los países a elevar sus ambiciones para, entre todos, vencer al cambio climático.

Guterres viajó a Katowice tres veces para apoyar las negociaciones durante las dos semanas que duró la COP24, pero dados los diversos aplazamientos para llegar a un acuerdo final, debió partir antes de la conclusión del Programa de Trabajo.

Entre los puntos clave del texto destaca un marco de transparencia para promover la confianza entre las naciones en cuanto a lo que todas estén haciendo para abordar el cambio climático. El marco estipula cómo los países proporcionarán información sobre sus planes de acción nacionales, incluida la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, así como las medidas de mitigación y adaptación.

También se acordó un estándar para medir las emisiones de gases de efecto invernadero y si los países más pobres consideran que no pueden cumplir con los parámetros establecidos, pueden explicar por qué y presentar un plan para desarrollar su capacidad al respecto.

Sobre el financiamiento de los países desarrollados para apoyar la acción contra el cambio climático en los países en desarrollo, el documento define una manera de decidir objetivos nuevos y más ambiciosos a partir de 2025 y arrancando del compromiso actual de movilizar 100 mil millones de dólares por año desde 2020.

Otro logro notable se refiere a cómo evaluar colectivamente la efectividad de la acción climática en 2023 y cómo monitorear e informar el progreso en el desarrollo y la transferencia de tecnología.

El tema más álgido de las discusiones fue el de los “mecanismos de mercado” que permiten a los países cumplir con una parte de sus objetivos de mitigación internos.

Esto se hace, por ejemplo, a través de “mercados de carbono” o “comercio de carbono”, que permiten a los países comerciar con sus derechos de emisión. El Acuerdo de París reconoce la necesidad de que haya normas globales sobre el asunto para salvaguardar la integridad de los esfuerzos de todos los países y garantizar que cada tonelada de emisiones liberadas a la atmósfera se tenga en cuenta.

Las delegaciones dedicaron gran parte de las negociaciones a este punto, causando retrasos en el calendario de la conferencia y sin llegar a un acuerdo, por lo que decidieron retomar esa discusión en su próxima conferencia, la COP25, que tendrá lugar en Chile a finales de 2019.

El presidente de la cumbre, Michal Kurtyka, reacciona al pacto alcanzado por los países en Katowice, Polonia. FOTO: REUTERS.

Por su parte, Teresa Ribera, la ministra española para la Transición Ecológica, ha participado hasta el último momento en las negociaciones en la cumbre. Ribera ha lamentado que el resultado final no sea “todo lo ambicioso” que España y la UE hubieran querido, pero destaca que es un momento muy complicado para el multilateralismo, en referencia a los Estados, como Estados Unidos, que boicotean instituciones como la ONU.

Por ese motivo, algunos observadores creen que es casi milagroso que se haya conseguido cerrar un pacto en la cumbre de Katowice; otros, entre ellos muchos representantes ecologistas, se muestran decepcionados con el resultado, por su poca ambición. “Nadie va a quedar satisfecho después de estas negociaciones”, advirtió António Guterres, secretario general de la ONU, el viernes a las ONG. Guterres ha tenido que acudir a Katowice para involucrarse en la recta final de las negociaciones ante el riesgo de fracaso. Los cambios en muchos Gobiernos, con la irrupción de líderes como Donald Trump que, incluso, coquetean con el negacionismo han dificultado esta cita.

Una de las batallas más duras ha sido la que afecta a la declaración final de la cumbre, la llamada decisión, que tiene un carácter más político. Ese texto debía instar a los países a ser más ambiciosos y a presentar planes de recortes de emisiones de gases de efecto invernadero más duros. Y en el centro de la discusión sobre ese texto (que debía ser consensuado por los casi 200 países presentes) ha estado el informe elaborado por el IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, por sus siglas en inglés). Ese documento detalla los riesgos a los que se enfrenta el planeta si la temperatura supera los 1,5 grados respecto a los niveles preindustriales (ahora ese aumento está ya en un grado). Las alusiones al informe y a sus principales conclusiones (básicamente, que el mundo se queda sin tiempo) han estado en el centro de la discusión en Katowice. Mientras Estados Unidos, Arabia Saudí, Rusia y Kuwait querían restar importancia al informe y a sus conclusiones, otros Estados querían que ese documento científico estuviera en el centro de la discusión.

El Acuerdo de París tiene como objetivo que la temperatura media del planeta no supere los dos grados y que se intente que incluso se quede por debajo de 1,5 grados. Para ello, todos los países deben presentar planes para recortar sus emisiones de gases de efecto invernadero. Las que hay sobre la mesa no son suficientes, ya que llevarían al planeta a los tres grados a final de siglo. Y el informe del IPCC dejaba claro qué deben hacer los países para cumplir el objetivo más ambicioso, el del 1,5: reducir alrededor de un 45% sus emisiones sobre los niveles actuales. Pero las referencias directas a ese recorte se han eliminado de la declaración final de Katowice ante la presión de EE UU y Arabia Saudí, y ante el riesgo de un fracaso. “Me hubiera gustado un lenguaje más explícito”, reconoce Ribera sobre ese informe científico.

LAS MISMAS REGLAS PARA TODOS: LUCHAR CONTRA EL CALENTAMIENTO

El Acuerdo de París se basa en una premisa: todos los países deben colaborar en la lucha contra el cambio climático a través de la reducción de los gases de efecto invernadero que expulsan sus economías. Para ello, todos los firmantes —tanto las grandes potencias como los países en desarrollo— están obligados a presentar planes nacionales de recortes de emisiones. Y así lo han hecho. El problema es que cada uno ha elegido una forma diferente de presentar los datos sobre las promesas de recortes. Tener un reglamento como el que se ha discutido en Katowice sirve para unificarlos; por ejemplo, que todos tomen el mismo año de referencia o los mismos gases de efecto invernadero.

El otro problema de esos planes es que no son suficientes, que los recortes presentados por los alrededor de 200 países que cerraron el Acuerdo de París llevarán a un aumento de la temperatura por encima de los tres  grados al no limitarse lo suficiente esos gases. Y el Acuerdo de París se fijaba una meta de entre uno y medio y dos grados.

Conscientes de este problema, los arquitectos del pacto firmado en 2015 en la capital francesa introdujeron un mecanismo de revisión al alza. Y ese mecanismo se ha desarrollado también en Katowice. El primer balance global para ver qué más esfuerzos de recortes se necesitan se hará en 2023, y a partir de esa fecha se llevará a cabo cada cinco años. También se ha reforzado la transparencia.

El escollo final de la cumbre se refiere a los mecanismos de intercambio de cuotas de emisiones. En el Protocolo de Kioto se permitía que los países intercambiaran derechos de emisión. Y Brasil pretendía que se pudieran trasladar esos derechos al sistema que se establecerá cuando empiece a aplicarse el Acuerdo de París.

La falta de un punto de consenso en este asunto ha hecho que se cerrara un pacto —liderado por el comisario de Acción por el Clima de la UE, Miguel Arias Cañete— para dejar el desarrollo de esos mercados de emisiones para la siguiente cumbre del clima, que está previsto que se celebre dentro de un año en Chile. Brasil, en principio, iba a organizar esa cita. Pero el presidente electo, Jair Bolsonaro, la ha anulado.

Cómo aplicar el Acuerdo de París

Los casi 200 países que forman parte de la Convención Marco de la ONU de Cambio Climático —prácticamente todos los Estados del mundo— discuten desde hace 25 años cómo atajar un problema que ya ha hipotecado a las futuras generaciones que habitarán el planeta: el calentamiento global. Se han celebrado 24 cumbres (normalmente anuales) como la que acabó la noche del sábado en Katowice (Polonia), pero hubo que esperar a la de 2015 para cerrar un pacto que involucrara a todos los países en la lucha contra ese calentamiento: el Acuerdo de París.

“En París inventamos el fútbol, ahora necesitamos crear las reglas”, suele explicar Ángel Gurría, secretario general de la OCDE, que esta semana ha estado en Katowice. Con el pacto de París se creó el marco general (que incluye los objetivos y marca las vías para intentar conseguirlos), pero faltaba el desarrollo técnico, que debe completarse antes de 2020, cuando caduca el Protocolo de Kioto y entra en funcionamiento el Acuerdo de París.

Normas de aplicación

Ese reglamento es lo que, en su mayoría, se ha logrado aprobar en la cumbre de Katowice: un complejo documento de casi 120 páginas que contiene las reglas de transparencia, financiación, adaptación y recortes de emisiones de gases de efecto invernadero para que funcione el Acuerdo de París.

Estas reglas fijan, por ejemplo, la forma en la que cada país tiene que notificar sus planes de recorte, qué tipos de gases se deben combatir, los plazos en los que se revisarán los compromisos nacionales contra el calentamiento y cómo se hará o el seguimiento de las promesas de financiación. El Acuerdo de París ya recogía el objetivo de que a partir de 2020 los países más ricos contribuyan a un fondo de 100.000 millones de dólares para ayudar a los Estados con menos recursos a adaptarse a los impactos del cambio climático. Ahora también se incluyen normas para hacer el seguimiento de ese compromiso.

Jóvenes participantes del movimiento Climate strike, creado la activista sueca de 15 años Greta Thunberg, posan durante la cumbre del clima, el viernes. FOTO: ANDRZEJ GRYGIEL EFE.

¿Éxito o fracaso?

Según desde dónde se mire, la cumbre de Katowice se puede considerar un éxito o un fracaso. Los países no han cerrado un pacto político ambicioso que inste a acometer recortes drásticos de las emisiones; pero si solo se considera el apartado más técnico (el desarrollo de las reglas), la mayoría de los objetivos se han alcanzado. Sin embargo, una parte —la referida a los mercados de emisiones— se ha dejado para la siguiente cumbre, en Chile, por falta de consenso. Todos los pactos en estas citas deben aprobarse por unanimidad; cualquier país puede bloquear la adopción de un acuerdo. La aplicación completa de París supondrá una transformación de la economía mundial y dejar de lado los combustibles fósiles, responsables de la inmensa mayoría de gases que calientan el planeta. Por eso, muchos países que dependen de esos combustibles suelen torpedear las cumbres.

A esto se une la desaparición de la mayoría de los líderes que en 2015 se aliaron para cerrar el Acuerdo de París y la irrupción de personajes como Donald Trump, que rechazan el multilateralismo. También pesa el temor entre algunos líderes europeos a que las medidas de protección medioambiental puedan despertar protestas como las de los chalecos amarillos en Francia, un país muy activo en anteriores cumbres pero que ha estado desaparecido en esta. Por todo ello, Teresa Ribera, la ministra española para la Transición Ecológica, destaca como un éxito que en Katowice todos los países hayan acordado las reglas del pacto de París.

Señales alarmantes

Pese a ese éxito en el desarrollo de París, el problema ahora es la velocidad con la que se debe actuar. Estas más de dos interminables décadas de negociaciones (en las que las emisiones mundiales han seguido creciendo año a año) han servido para que desde el ámbito científico se constate un fracaso: la acumulación en la atmósfera de esos gases es tal que ahora no se puede revertir el calentamiento, solo dejarlo dentro de unos límites manejables. Eso significa, según el Acuerdo de París, que el incremento medio de la temperatura no supere los dos grados e intentar que incluso se quede en 1,5 respecto a los niveles preindustriales.

El mundo está ya en un grado centígrado de incremento y los impactos en forma de eventos meteorológicos extremos más frecuentes e intensos ya se notan en el planeta. El IPCC —el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, por sus siglas en inglés— presentó en octubre un informe en el que advertía a los Gobiernos de que si querían cumplir con la meta del 1,5 debían reducir a la mitad las emisiones mundiales para 2030; básicamente, que se necesita una revolución en poco más de una década.

Recortes insuficientes

Los planes de recortes de las emisiones de los Gobiernos no apuntan ni mucho menos a esa revolución. Cuando un país se adhiere al Acuerdo de París está obligado a presentar compromisos nacionales. La suma de todos esos planes de recortes debe servir para cumplir el objetivo común. Pero los recortes presentados hasta ahora son tan poco ambiciosos que llevarán a un incremento de más de tres grados, lo que implica multiplicar los impactos del calentamiento global.

El informe del IPCC se debía incorporar a la normativa que rodea al Acuerdo de París en esta cumbre de Katowice. Y así se ha hecho, pero sin incluir en la declaración final los duros recortes (del 45% respecto a los niveles actuales para 2030) que se tendrían que acometer. Las presiones de Arabia Saudí y EE UU han obligado a rebajar esas cifras para evitar un fracaso. Javier Andaluz, responsable de cambio climático de Ecologistas en Acción, critica que estos países, a los que se unieron también Rusia y Kuwait, “osen cuestionar informes científicos fuera de toda duda”.

Trump anunció hace un año que quiere sacar a Estados Unidos del Acuerdo de París. Pero, cuando se cerró el pacto en 2015 (con Obama como presidente), se incluyeron unas cláusulas que hacen imposible que EE UU, que ya había ratificado el acuerdo, pueda irse antes de 2020. Muchos negociadores en Katowice mantienen la esperanza de que, para entonces, Trump ya no esté en la Casa Blanca. Mientras tanto, el equipo negociador estadounidense sigue participando en las cumbres. Y, aunque ha bloqueado la parte más política (la que afecta al informe del IPCC), ese equipo técnico ha ayudado a desarrollar el reglamento que servirá para aplicar el Acuerdo de París.

DOS ESPAÑOLES EN EL CENTRO DE LAS NEGOCIACIONES

Dos españoles han estado en esta cumbre en el centro de las negociaciones cuando las discusiones se han puesto más difíciles. A la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, le pidieron ayuda desde la presidencia de la cumbre (que ostentaba el país anfitrión, Polonia) para desatascar el apartado referido a la transparencia de los datos que deben reportar todos los países. Además, España ha estado mucho más activa que en las cumbres en las que gobernaba el PP. Pedro Sánchez fue uno de los pocos presidentes que decidió acudir a la apertura de la cita para mostrar su apoyo a la lucha contra el cambio climático.

El otro español que ha estado muy implicado ha sido el comisario europeo de Acción por el Clima, Miguel Arias Cañete. El popular ya formó parte del núcleo de responsables políticos que impulsaron el Acuerdo de París en 2015. Y en las siguientes cumbres (mientras iban cayendo uno a uno los líderes de los grandes países) la UE ha intentado seguir manteniendo el pulso de la ambición contra el calentamiento. Durante la última jornada de la cita de Katowice, la UE y el comisario tuvieron que intervenir en varias ocasiones para desbloquear el pacto final, que se alcanzó a las diez de la noche, con más de 24 horas de retraso.

 

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