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La ecología y la economía del futuro

VÍCTOR MANUEL PÉREZ VALERA. EL FINANCIERO.

El próximo 18 de junio se cumplen 5 años de la publicación de la Encíclica “Laudato, si’”, sobre la ecología, “El cuidado de la casa común”. Este aniversario es una magnífica ocasión para buscar en este documento respuestas a las diversas interrogantes que surgen sobre el futuro, después de la pandemia. La Encíclica más que un documento para leer es un itinerario de vida.

La ecología y la economía tienen la misma raíz οἶκος: casa. No se puede dar una ecología integral sin aludir a las normas económicas que el administrador de la casa debe cumplir para lograr la justicia y la dignidad de la persona. La Encíclica no tiene un capítulo especial sobre la economía, pero como una especie de escalera de caracol, en cada escalón se retoman y enriquecen varios aspectos económicos.

Tres meses después de la Laudato Si’, en septiembre de 2015, se publicó en Nueva York una importante declaración: Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Si bien ambos documentos profundizan la relación entre clima y desarrollo y proporcionan respuestas universales a los desafíos mundiales, la LS es más completa y profunda. A partir de los temas de salud, educación, problemática del agua… surgen importantes aspectos ambientales, sociales y económicos. Estos tópicos son inseparables y se influyen unos a otros: “No hay dos crisis separadas una ambiental y otra social” (LS 139). En efecto, las soluciones requieren un enfoque integral: luchar contra la pobreza, promover la justicia social y cuidar la naturaleza.

El tema de las desigualdades económicas y sociales se mencionan claramente en diversas partes de la Encíclica: “el desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar […] los jóvenes nos piden un cambio. Ellos se preguntan cómo es posible que se construya un futuro mejor sin pensar en la crisis del ambiente y en los sufrimientos de los excluidos”. (LS 13).

Para la LS es importante buscar el auténtico progreso: “no debe buscarse que el progreso tecnológico reemplace cada vez más el trabajo humano, con lo cual la humanidad se dañaría a sí misma. El trabajo es camino de maduración, de desarrollo humano y de realización personal… ayudar a los pobres con dinero debe ser siempre una solución provisoria” (LS 128).

La ODS y la LS coinciden en que hay que avanzar en los patrones de producción y consumo. En concreto, la LS denuncia la cultura del desperdicio (entre una cuarta parte o un tercio de la comida se tira… y en varios países existe la hambruna). “No se trata de reformas marginales, sino de una renovación profunda y radical de las estructuras sociales y políticas (cfr. LS 138-142). A propósito de lo político, estos documentos aluden al “buen gobierno” que entre varios principios es necesario subrayar el de la “eficacia”. Y desde luego, la eficacia en el combate a la violencia organizada (cfr. LS 189-198).

En resumen, el Papa Francisco nos presenta al mundo como un organismo que está enfermo y la economía es el órgano infectado. Francisco nos invita a buscar nuevas formas de entender la economía y el progreso. No obstante estas críticas, algunos notables economistas entre ellos, Paolo Foelizzo, han afirmado que los que creen que este documento es una condena genérica al capitalismo, tienen una visión superficial y poco documentada. En la LS (129) encontramos esta rotunda afirmación: “la actividad empresarial, que es una noble vocación orientada a producir riquezas y mejorar el mundo para todos, puede ser una forma muy fructífera de promover la región en la que ubica sus actividades, especialmente si entiende que la creación del trabajo es una parte esencial de su servicio al bien común.”

A este respecto, conviene recordar la Declaración de Filadelfia de 1944, en la XXVI Conferencia General de la OIT, de la que ésta asumió los principios de: “el trabajo no es una mercancía” y “la paz duradera solo puede establecerse si se basa en la justicia social”. Vale la pena leer el pequeño gran libro del notable jurista francés Alain Supiot, El Espíritu de Filadelfia, la justicia social frente al mundo laboral, editado hace cinco años. Podemos concluir este esbozo de la LS con dos anotaciones: reconocer el valor revolucionario de los gestos cotidianos contra el consumismo y fomentar con acciones sencillas la armonía en la familia y en la sociedad (LS 203-208, 228-232).

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