miércoles , 26 febrero 2020
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La Ley FINAGRO y el acceso al crédito a pequeños productores

ISABEL CRUZ. EL FINANCIERO.

Crear un banco a partir de una financiera. El próximo 1 de febrero inicia el periodo de sesiones del segundo año legislativo en el Congreso de la Unión. En la Cámara de Diputados se analizará y dictaminará la iniciativa para transformar la actual Financiera Nacional de Desarrollo Agropecuario, Rural, Forestal y Pesquero (FND) en una nueva institución de banca de desarrollo que se llamará Financiera Nacional Agropecuaria (Finagro), la cual se fusionará con el Fideicomiso de Riesgo Compartido (Firco), el Fondo de Capitalización e Inversión del Sector Rural (Focir) y asumirá el control de Agroasemex. Al unificarse éstas cuatro instituciones, afirma la iniciativa presentada, se tendrá una sola ventanilla en vez de cuatro, con lo que se busca optimizar y simplificar procesos; así como hacerlos a la medida de las necesidades de cada sector.

La nueva institución tendrá por objeto (según su artículo segundo) promover el ahorro y la inversión, canalizar apoyos financieros y técnicos necesarios para impulsar el desarrollo de las actividades agropecuarias, forestales, pesqueras, agroindustriales y todas las demás vinculadas al medio rural con la finalidad de elevar su productividad y mejorar el nivel de vida de su población. Para el cumplimiento de su objeto, se prevé la operación de financiamiento con capital, crédito y administración de riesgos, prestación de servicios financieros, ejecución de programas de apoyo en materia de financiamiento rural y aseguramiento agrícola, tanto para productores, como agentes económicos e intermediarios financieros, procurando con esto su desarrollo, organización y mejora continua. Plantea además la inclusión financiera de 5.5 millones de pequeños productores.

Lo más importante de esta iniciativa es que fortalece a la banca de desarrollo al reconocerla como un banco y no una simple financiera. El Banco FINAGRO podrá contratar deuda y expandirse incluso con captación de ahorro en el primer piso.

Una lectura de todo el proyecto legislativo deja muchas dudas sobre si esta nueva institución logrará el acceso al financiamiento a lo largo y ancho del territorio nacional y para todos los perfiles de productor, de los que hoy sólo 9.9% tiene acceso al crédito; huelga decir que en las últimas dos décadas el financiamiento rural ha estado concentrado tanto territorialmente en el norte del país, como en un segmento de productores comerciales de gran tamaño. La primer interrogante es sobre la capacidad que tendrá Finagro para ser contundente en la inclusión financiera de los pequeños y medianos productores, los 5.5 millones que son su mercado meta, cuando la Financiera Rural (2001-2018) logró bancarizar menos de doscientos mil productores a pesar de abundantes subsidios recibidos; aunque la iniciativa plantea que operará a través de intermediarios financieros, no hay priorización hacia las instituciones financieras que los atienden -las cooperativas de ahorro y crédito, las sociedades financieras comunitarias, los organismos de integración financiera rural-, concentrados en las regiones del sur – sureste. Tampoco recupera a las organizaciones de economía social del campo (SPR, SSS, Uniones de Ejidos, ejidos, colonias) como sujetos de crédito.

Puede resultar falaz que la fusión de cuatro organismos financieros implique eficiencia de procesos, simplificación administrativa y menos amplia disponibilidad para el acceso pleno al financiamiento y aseguramiento rural. Tener una sola ventanilla para una gran diversidad de productos financieros y programas de apoyo al financiamiento puede ser un nuevo cuello de botella, trasladando el costo a los usuarios, sin representar un cambio en la visión para mejorar el acceso al financiamiento de quienes hoy no lo tienen. Asimismo, un organismo que centralice lo que antes hacían cuatro puede quedar operativamente atrapado en su propia complejidad, sin dar resultados óptimos a los productores.

Surgen las dudas porque el diseño institucional propuesto es nuevamente una solución de arriba-a-abajo, centralista y que pretende descender a los territorios a través de extensiones operativas con decisiones financieras tomadas por comités centrales ubicados en la Ciudad de México. Parece una mala idea porque este organismo público tendrá dificultades para lograr la adaptación a la amplia diversidad de la demanda local en zonas rurales, careciendo de la proximidad necesaria para entender y atender las necesidades financieras en función de muchas variables como vocaciones productivas, tamaños de productor, diferentes dinamismos del mercado, necesidades heterogéneas de capacitación, asistencia técnica, innovación, capitalización, riesgos y el diseño que se plantea en la iniciativa no representan ninguna diferencia de lo que es ahora la FND o lo que fue Financiera Rural, es decir, cortará a todo el mundo campesino con la misma tijera, que en la jerga financiera quiere decir: parámetros y estándares nacionales, lo que se puede ver en la forma que están planteados los mecanismos de decisión, operación e incluso medición de resultados.

Asimismo, no es una buena idea unir la gestión técnico-financiera de riesgos de Agroasemex con las instituciones financieras y de riesgo compartido porque quien genera el riesgo es el mismo agente que diseña las coberturas para mitigarlo, creando internamente todos los incentivos perversos enemigos del aseguramiento: el “riesgo moral” y la “selección adversa”.

Tener un organismo centralizado como Finagro emula los 80 años de banca de desarrollo descendente y centralista que ha demostrado incapacidad para dar cobertura a productores, regiones y tipos de agricultura y que ha demostrado, por otra parte, que este modelo ha concentrado el financiamiento en agricultores grandes y zonas desarrolladas de agricultura comercial, profundizando la desigualdad en el campo.

La solución más eficiente de acceso a servicios financieros y crédito productivo, con cobertura total -como lo muestra la experiencia internacional- son los sistemas financieros descentralizados, con diversos perfiles de intermediarios, en propiedad de productores y sociedad rural, que se adaptan y actúan en territorios diferenciados, con integración financiera de segundo piso o cajas centrales especializadas, los cuales generan los mecanismos que aseguran calidad, protección al ahorro y control de riesgos financieros.

En la historia financiera del mundo ningún modelo exitoso de financiamiento al campo con amplia cobertura ha emanado de un organismo centralizado (sea privado o público). Alemania, Francia, Estados Unidos, Canadá, Holanda y muchos países desarrollados han logrado democratizar el financiamiento rural con un política de Estado para la creación de sistemas financieros locales dinámicos. Así se cuentan entre estos casos exitosos, los bancos populares Raiffeisen y las Cajas de Ahorro Sparkassen en Alemania; el Crédit Agricole de Francia, las cajas de ahorro canadienses (Desjardins) o las cooperativas de agricultura familiar de Brasil (sistema Crésol). Por lo que consideramos que esta iniciativa para crear Finagro requiere de un análisis más fino y de soluciones integradas que fortalezcan a la vez a la banca de desarrollo, las superestructuras (inclusión digital, traslado de dinero, sistemas de corresponsalías integradas) para reducir costos de transacción, los intermediarios financieros de los productores rurales, sistemas de garantías, sistemas de información con un enfoque a crear sistemas financieros rurales con servicios complementarios, inter operables y con capacidad de cubrir a los diversos segmentos de la población rural.

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