martes , 19 noviembre 2019
Inicio » Carrusel » La mafia de las pasas

La mafia de las pasas


JONAH ENGEL BROMWICH. THE NEW YORK TIMES.

Amenazas de muerte, temores por cultivos quemados e intimidación por disputas agrícolas: te llevamos al interior de la industria californiana del fruto seco.

FRESNO, California. Los milénials no estaban comiendo uva pasa. Así que Sun-Maid, la empresa establecida hace un siglo que comercializa los frutos secos en pequeñas cajas, contrató a alguien para que convenciera a esa generación de comprar el producto.

A sus 38 años, Harry Overly era varias décadas más joven que el hombre pasa que remplazó como director ejecutivo, pero sí tenía experiencia; había sido directivo para Norteamérica de la empresa que fabrica el aceite de oliva Bertolli y en empresas de la industria alimentaria como la de la goma de mascar Wrigley.

Cuando Overly llegó al oeste estadounidense, sin embargo, se quedó sorprendido por el odio hacia él por parte de la industria de las pasas, que se concentra en apenas un par de kilómetros cuadrados en el valle central de California.

Tres meses después de empezar su gestión, en octubre de 2017, Overly acudió a una reunión con algunos integrantes de la industria en un restaurante en Fresno. Quedó anonadado. “No lo digo a la ligera, porque la gente parece creer que hay una mafia de las pasas y así”, dijo Overly, antes de contar su impresión del encuentro.

Cuando le preguntó al grupo cómo podrían trabajar juntos, “la respuesta fue básicamente colusión”, dijo, con tácticas que van contra las regulaciones sobre competencia industrial. Y cuando Overly empezó a intentar hacer cambios en su empresa y, con ello, en el ámbito de la uva pasa, empezaron las intimidaciones, llamadas hostigadoras y amenazas de muerte. Cuando la esposa de Overly estaba en el último trimestre de un embarazo, encontraron una nota en la puerta de su casa que decía: “No podrás escaparte”.

CreditIlustración fotográfica por Tony Cenicola y Tracy Ma/The New York Times; humo vía Shutterstock

Overly instaló un sistema de vigilancia en su hogar. En la sede de Sun-Maid empezó a dialogar con otros directivos sobre si era necesario hacer capacitaciones en caso de un ataque armado. A medida que los rumores se esparcían entre agricultores de uva pasa, empacadores de uva pasa y burócratas de la uva pasa sobre qué cambios quería hacer Overly y por qué, empezó a preocuparle que el fruto seco estuviera en peligro. Temía que el cultivo de ese momento, de uvas que estaban secándose en envases de Sun-Maid, fuera a ser destruido por “fuego, específicamente”, recordó.

“Lo que me quedó claro rápidamente es que esta no es una industria interesada en ver cómo se puede repartir un poco más el pastel”, dijo Overly. “Sino una en la que buscan cómo robarse más pedazos entre sí”.

Rumores en los viñedos

Es comprensible que Sun-Maid y sus competidores en el sector de las pasas, que trabajan y viven en un área específica de un valle que ha padecido sequías, no sean los mejores amigos. Pero en la industria de las pasas en Estados Unidos, que está valuada en unos 500 millones de dólares, hay mucha displicencia. Más allá de ponerse de acuerdo para no saturar la oferta y afectar los precios, quienes cultivan los frutos no cooperan para muchas cuestiones, incluyendo cómo promover y hacer mercadotecnia de las pasas.

La primera gran campaña fue lanzada en televisión en 1986, con pasas antropomórficas animadas que bailan una versión de la canción “I Heard it Through the Grapevine”, de Marvin Gaye. Las ventas se dispararon, pero el éxito sembró la disensión. Sun-Maid se vio especialmente beneficiada por los anuncios porque era la marca más conocida y el entonces presidente de la empresa, Barry Kriebel, buscó cómo limitar que sus competidores obtuvieran las mismas ganancias. Restringió cómo se podían poner las famosas pasas danzantes de California en los paquetes de otras compañías. Sun-Maid, que ahora acapara el 40 por ciento de la industria, tenía el poderío para imponer esos límites.

Harry Overly es el director ejecutivo de Sun-Maid desde 2017. CreditChristie Hemm Klok para The New York Times

Otro momento que generó descontento en la comunidad de las pasas sucedió en 2015, con un fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos sobre las reservas de la fruta.

Marvin Horne, quien se había casado con alguien de una familia que cultivaba pasas, era conocido como alguien necio; no quería tener que apartar parte de los cultivos cada año para el suministro comunal.

Este fue instaurado a mediados del siglo XX para estabilizar el comercio de los frutos, pues su cultivo —como casi cualquier producto agrícola— implica riesgos según la temporada; guardar la oferta excedente ayuda con los precios. A los agricultores les pagan por vender esa parte de su producto al acervo comunal, pero mucho después, si acaso.

En 2002, cuando los agricultores tuvieron que entregaron casi la mitad de la cosecha, Horne decidió que era suficiente. Junto con Laura, su esposa, demandó al gobierno estadounidense por quedarse con parte del suministro sin compensarlos. En 2015, el tribunal falló a su favor al determinar que la reserva de pasas era como una confiscación gubernamental de la propiedad pública, aunque Mike Mikaelian, tercera generación de una familia de cosechadores de pasas, cree que ahí se cimentó un malentendido enorme que golpeó a la industria. “Escuchas la historia y crees: ‘Uy, el gobierno estaba maltratando a los agricultores’”, dijo. “Pero en realidad los agricultores de pasa habían establecido estas reglas, el gobierno solo había dado su visto bueno”.

Sin el acervo comunal y con unas ventas complicadas por una menor demanda, los agricultores no han visto más opción que subir los precios lo más que se pueda.

Una porción del estómago

Cuando Overly llegó a Sun-Maid, su intención no era enfrascarse en peleas sobre precios. Quería dedicarse sobre todo a la mercadotecnia, para lo que había sido contratado. Se enfocó en renovar las campañas con una mirada al pasado.

Uvas puestas a secar en un enrejado CreditChristie Hemm Klok para The New York Times

El primer nuevo anuncio de Sun-Maid en más de una década muestra a niños completamente felices de estar comiendo pasas de California; es una campaña basada en la nostalgia (a la que además le ha ido muy bien entre los milénials) de la uva pasa como uno de los primeros alimentos sólidos que los padres les dan a sus bebés.

Pero el plan de Overly para conseguir más de lo que llamó “porciones del estómago” sobre otros bocadillos y marcas incluía reducir el precio base de las pasas de Sun-Maid. Incluso cuando eso desafiaba a la asociación cabildera de las pasas, la Raisin Bargaining Association (RBA).

El grupo, que representa a los agricultores de pasa en sus negociaciones para ventas de la cosecha a las empresas que procesan las pasas, es liderado por Kalem Barserian, de 81 años. Barserian tiene una carrera de cinco décadas y ha lidiado con cinco diferentes directores ejecutivos de Sun-Maid; una de las nuevas variedades de uva que empezará a cultivarse para hacer las pasas, en complemento a la típica Thompson, llevará su apellido.

“Soy el último hombre que queda de otra era, digámoslo así”, comentó Barserian (la mayoría de los que quedan, debe decirse, también son varones). “Hay mucho respeto hacia mí”.

Las negociaciones que impulsó Overly comenzaron en 2018; era un momento complicado. El año previo las pasas fueron dañadas por un calor intenso y en septiembre muchas no secaron bien porque los envases de madera eran vulnerables. Eso significa que había menos pasas que vender, por lo que iban a ser más caras. Para 2018 la cosecha se había recuperado, pero Barserian no quería bajar de nuevo los precios: quería subirlos en más de 300 dólares por tonelada para compensar el año de la cosecha desastrosa.

Sun-Maid y la RBA no avanzaban en las negociaciones. Overly no estaba convencido de por qué tenía que aceptar el aumento, incluso cuando la oferta se redujo de 300 a 100 dólares; así que el 22 de octubre sacó a Sun-Maid de la asociación.

Un viñedo de Sun-Maid en California CreditChristie Hemm Klok para The New York Times

Cultivo de tensiones

Ese mismo octubre empezaron las amenazas de muerte. Algunas fueron por teléfono, otras cara a cara; Overly recuerda unas seis ocasiones, además de la nota sobre que no podría escaparse.

Barserian, de la RBA, dijo que no sabía nada de esas amenazas. “No sé de qué habla. Él hizo lo que hizo”. Agregó: “Puede que alguien haya amenazado a alguien… pero así es la granja”. Overly dijo que no culpaba a Barserian.

Desde antes de las negociaciones, ambos hombres habían acordado participar en un pánel de la exposición Grape, Nut & Tree Fruit Expo, en noviembre. Cada uno debía discutir su impresión del rumbo de la industria y responder a preguntas del público.

Para cuando iba a ser el evento, dijo Overly, la idea parecía ser: “Uy, van a estar el director de l a RBA y de Sun-Maid dándose la cara en un escenario frente a quinientas o mil personas”.

Cajas con la uva pasa CreditChristie Hemm Klok para The New York Times

Como lo había previsto, ese día la sala estaba repleta, con aliados de RBA y con agricultores independientes. Había tal vez unas veinte personas de Sun-Maid presentes.

Barserian fue el primero en hablar. Mencionó la incertidumbre sobre el futuro, la creciente competencia global y la reducción de hectáreas para el cultivo de la uva para pasas en el valle central de California. Agradeció públicamente a los empacadores de pasa que no eran de Sun-Maid y habían acordado trabajar con la RBA porque, dijo, eso significaba que estaban interesados en que los agricultores vendieran al mejor precio posible.

Luego Overly subió al podio.

Pasó unos veinticinco minutos hablando de la calidad de las pasas californianas y que lo importante que era crecer la demanda por el producto, con un aumento sostenible de los precios. Dijo que fueron las presiones del mercado las que llevaron a Sun-Maid a dejar la RBA.

Y entonces pidió poner fin a las disputas entre la sociedad de las pasas: “Necesitamos pasar más tiempo enfocados en cómo hacer crecer la torta para todos en vez de pelearnos solo por nuestro pedazo”, dijo. “Tenemos que poner fin a las peleas”.

Overly en las oficinas de Sun-Maid CreditChristie Hemm Klok para The New York Times

Unión de la vid

La gente de Sun-Maid que estaba presente estaba orgullosa del trabajo de Overly, comentaron en entrevistas, pero no tenían idea de cómo iba a ser recibido su mensaje en la presentación.

Barserian fue llevado de nuevo al escenario y los dos hombres más poderosos de la industria, uno de los cuales tenía la mitad de años que el otro, quedaron a metros de distancia en lo que empezaron las preguntas del público.

Se levantó un hombre llamado Jim Phillips, quien vende sus pasas a Sun Valley Raisins y no a Sun-Maid.

De acuerdo con el reporte de la revista American Vineyard, entre los organizadores del evento privado, Phillips empezó diciendo que nunca había sido alguien que quisiera a Sun-Maid… pero que estaba de acuerdo con lo dicho por Overly. Era mejor unirse que fragmentarse, indicó, y volteó a ver a Barserian, el titán de las pasas: “Kalem, tú no tienes un plan”.

Y entonces los demás agricultores empezaron a levantarse a dar su apoyo. Overly se ganó al público. Desde ese noviembre de 2018 han bajado las tensiones: Overly dijo que en el otoño estaban en nivel 10 y que ahora, si acaso, están en un nivel 2.

En abril viajó con una delegación de la industria a Washington para dialogar con personas del congreso estadounidense sobre el negocio; un viaje que Kalem Barserian ayudó a organizar.

“Nos fue muy bien”, aseguró el directivo de Sun-Maid. “La respuesta que nos dieron [los funcionarios] es que hasta les sorprendía ver a la industria como un solo grupo. No es broma: eso nos dijeron en tres o cuatro de las diez reuniones que tuvimos ahí”.

Barserian no fue con el grupo. Explicó que con ello quería pasar la posta.

“Quiero que tengamos éxito”, dijo Barserian. “Estamos en una posición precaria por varias razones y creo que todas esas razones pueden corregirse. Son cosas que ya he visto en una o dos ocasiones, o diez. Somos guerreros y somos sobrevivientes y ahora lo que tenemos que hacer es trabajar”.

Una cinta transportadora con las pasas empaquetadas CreditChristie Hemm Klok para The New York Times

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *