miércoles , 13 noviembre 2019
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Lluvia afecta la fertilidad de suelos

JOSÉ LUIS SUÁREZ. EL MAÑANA.

En exceso propicia el “arrastre o lavado” de nutrientes

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Diagnóstico. Un cultivo de maíz con deficiencia de nitrógeno presenta “amarillamiento” de las hojas (el cual empieza en las hojas más viejas), además de que las plantas no crecen y el rendimiento del grano se ve reducido hasta en un 80 por ciento.

Investigadores del Campo Experimental de Río Bravo (CERIB) han llegado a la siguiente conclusión en un documento de su autoría: “Las actuales condiciones agro-climáticas del presente ciclo agrícola han propiciado que la fertilización se dificulte y, en algunas áreas donde la lluvia ha sido abundante, se han presentado síntomas de deficiencia de nitrógeno, ya que este ha sido “arrastrado o lavado” hacia capas inferiores del suelo agrícola mediante el fenómeno llamado lixiviación”.

En efecto, tanto para el Ing. Hipólito Castillo Tovar, como para el Maestro en Ciencias  César Augusto Reyes Méndez, cuando en un predio agrícola hay agua en exceso las pérdidas pueden llegar hasta el 35 por ciento, por lo que es muy importante que los agricultores consideren la utilización de abonos orgánicos y/o productos químicos como alternativas para reparar el daño de que ha sido objeto la fertilidad del suelo”.

Derivado de su especialidad en el cultivo de maíz, señalan que “el manejo balanceado y eficiente de la fertilización es fundamental para obtener rendimientos elevados y sostenidos que conlleven a una alta rentabilidad del cultivo”. En este sentido, explican que “los nutrientes que limitan en mayor medida la productividad en las regiones norte y centro de Tamaulipas son el nitrógeno y el fósforo. En el primer caso, se aplica durante la siembra y cuando el cultivo de maíz está en desarrollo, en cambio, el fósforo se aplica todo antes o durante la siembra”.

Síntomas

Abundando sobre el tema, los investigadores detallan que “un cultivo de maíz con deficiencia de nitrógeno presenta “amarillamiento” de las hojas (el cual empieza en las hojas más viejas), además de que las plantas no crecen y el rendimiento del grano se ve reducido hasta en un 80 por ciento”. Continúan comentando, “en caso contrario, cuando hay exceso de nitrógeno en un predio el crecimiento es exagerado, las plantas son débiles y con tejidos tiernos, lo que las vuelve más propensas al ataque de las plagas y las enfermedades, al acame (caída de la planta) y a otros daños ocasionados  por el viento, lluvia, granizo y baja o alta temperatura”.

Derivado de lo anterior, los peritos señalan que “es fundamental que el suelo tenga un contenido óptimo de nutrientes; es decir, aquellos que se eliminan con la realización de la cosecha y por otros medios, deben ser sustituidos con fertilizantes y abonos orgánicos para mantener el equilibrio que debe existir en beneficio de los plantíos establecidos”.

Particularmente los investigadores hacen énfasis en la importancia que juega el nitrógeno en el cultivo de maíz, al subrayar que “es muy demandante de este nutrimento, ya que es un elemento primordial durante las primeras etapas de desarrollo, pero en especial durante el periodo que va desde que el maíz tiene seis hojas completamente desarrolladas (etapa llamada V-6) hasta el inicio de floración”. Durante ese lapso, -siguen diciendo- “el maíz consume el 70 por ciento del nitrógeno total requerido, el cual es fundamental al momento de la definición del número de hileras de grano por mazorca, el número de granos por hilera y el número total de granos por mazorca, lo cual ocurre durante las etapas vegetativas comprendidas entre la hoja 6 (V6) y la hoja 12 (V12); de ahí que, el nitrógeno conjuntamente con el el zinc están considerados como los “motores” del crecimiento y esenciales para la obtención de altos rendimientos”, señalan los expertos.

Requerimientos

Respecto a la cantidad de nitrógeno que necesita el maíz para un óptimo desarrollo, Castillo Tovar y Reyes Méndez manifiestan en el escrito que “requiere aproximadamente de 20 a 25 kilogramos por hectárea de nitrógeno (N) por cada tonelada de grano producida. Por ello, para producir a manera de ejemplo 10 toneladas por hectárea de grano, el cultivo de maíz debe disponer de 200 a 250 kilogramos de nitrógeno por hectárea. Dicha cantidad sería la demanda o cantidad de nitrógeno que debería estar disponible en el suelo para que se obtenga el nivel de rendimiento esperado.

Para conocer los niveles de fertilidad en el suelo y las necesidades propias del cultivo, ambos especialistas recomiendan “hacer un análisis de suelo, no solo para conocer el nivel de macroelementos (nitrógeno, fósforo y potasio), sino también para conocer los microelementos presentes como fierro, manganeso, zinc, cobre, boro, molibdeno y níquel”. Van más allá en su apreciación, al decir que “de esta manera se conoce la disponibilidad de fertilizante en el suelo y las cantidades que hay que agregar, e incluir la determinación del potencial Hidrógeno (pH)”.

Para la realización del análisis de suelo, los expertos en el tema sugieren a los productores  “tomar muestras en las áreas representativas del predio, para ello hay necesidad de cavar hoyos de 15 a 30 centímetros de profundidad, de donde se obtienen muestras individuales en función del numero de los sitios seleccionados, así como una muestra compuesta, las cuales se llevan o envían al laboratorio para el análisis respectivo”, finalizan diciendo los investigadores del CERIB.

PérdidasLa pérdida de nutrimentos en el cultivo de maíz ocurre por:

w La extracción de las plantas, erosión por vientos y lluvias que exceden al 60 por ciento de la capacidad de campo.

w Condiciones de pH del suelo (muy ácidos o muy alcalinos).

w Lixiviación (“escurrimiento” o “lavado” del nitrógeno) a mayores profundidades del alcance que tienen las raíces del maíz.

w Por volatilización a causa de fertilización superficial y de temperaturas del suelo mayores a 15 grados centígrados.

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