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jueves , 26 noviembre 2020
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Luces y sombras del gender mainstreaming en la política ambiental

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FLORENCIA CICCHINI. NEXOS.

Cada vez más estudios resaltan el impacto diferencial según el género del cambio ambiental. Esto, junto a las demandas del movimiento feminista, ha empujado a que el género sea reconocido como importante en la política y gobernanza ambiental y que compromisos internacionales establezcan la necesidad de incorporarlo en todos los ámbitos de la política pública.

En los últimos 40 años, las políticas ambientales a nivel global han ido incorporando las investigaciones sobre los vínculos entre el género y el ambiente. Los resultados han sido dispares y hasta se han profundizado las desigualdades de género. En este artículo analizo la incorporación del género en las políticas ambientales a nivel global, en particular, el gender mainstreaming (GM) en la política climática, y presento algunos aportes desde el feminismo para que la política ambiental con perspectiva de género pueda hacer frente a la crisis climática y avanzar hacia la igualdad.

Ilustración: Estelí Meza

Vínculos entre género y ambiente

Una perspectiva de género en los análisis socioambientales es fundamental para considerar y cuestionar la distribución de poder sobre los recursos naturales, las oportunidades económicas y los procesos de toma de decisión, y la distribución del trabajo de cuidados no remunerados, que cae predominantemente sobre las mujeres.1 En particular, los varones suelen ser privilegiados en estos procesos distributivos, por lo que, por ejemplo, tienen asegurados legalmente más derechos sobre los recursos y son la voz dominante en la toma de decisiones. Pero esta desigualdad de género en las relaciones socioambientales no proviene de diferencias biológicas, sino que se ubica en estructuras de poder patriarcales.2

Teniendo esto en cuenta, las políticas ambientales que no incorporen una perspectiva de género adecuada pueden reproducir las desigualdades o, incluso, profundizarlas. Por ejemplo, bajo el mandato de aumentar la participación de las mujeres en las iniciativas ambientales y apelando sus cualidades “naturales” para los cuidados, las tareas ambientales se han agregado a todas las actividades de cuidados —ni reconocidas, ni valoradas, ni remuneradas— con las que ya cargaban las mujeres.3

El cambio climático plantea importantes desafíos para las sociedades globalmente, aunque estos impactan de manera desigual según las regiones y niveles socioeconómicos. Además, las comunidades que dependen directamente de la naturaleza y las personas más pobres lo sufren y sufrirán desproporcionadamente.4 Aunado a esto, el género tiene un rol crucial. La creciente escasez de recursos, los impactos en la salud, la migración, los desastres vinculados a fenómenos meteorológicos extremos están atravesados por la desigualdad. Un ejemplo concreto para comprenderlo es el que  las mujeres suelen ser las encargadas de obtener agua, alimentos y fuente de energía para el hogar. Por lo tanto, una mayor escasez de estos recursos deviene en una carga aún mayor de trabajo no remunerado sobre las mujeres e, incluso, en mayores gastos económicos ante eventuales aumentos en los precios.5

Sabemos que el cambio climático no sólo impacta de forma diferencial sino desigual según el género.6 Sin embargo, las políticas y programas ambientales pueden influenciar transformaciones positivas en las relaciones de poder, por lo que resulta interesante explorar cómo incorporar el género a las políticas ambientales a tales fines.

Gender mainstreaming en la política ambiental

A lo largo de los últimos cuarenta años, los conocimientos en torno a las relaciones entre género y ambiente se han incorporado en cierta medida en la política ambiental. Arora-Jonsson7 identifica tres tendencias principales en cómo se ha realizado esta incorporación: el gender mainstreaming en programas ambientales; el abordaje de los derechos de propiedad y empoderamiento de mujeres a través de la generación de ingresos económicos y microcréditos; y esfuerzos para involucrar a las mujeres en la gobernanza ambiental. Aquí me centraré específicamente en el gender mainstreaming (GM), una estrategia impulsada desde el movimiento feminista internacional, cristalizada como un compromiso en 1995 en la Cuarta Conferencia Internacional sobre la Mujer en Beijing8 y adoptada por gobiernos y organizaciones de todo el globo.9

El GM es un principio estratégico que busca la igualdad de género a través de leyes, políticas, programas y proyectos.10 Pese a que la propuesta original apuntaba a reorientar y transformar radicalmente el paradigma dominante de política pública y priorizar la igualdad de género como objetivo, su implementación se ha quedado corta en sus objetivos. Esta limitación del GM de transformar la política y gobernanza a nivel global es nombrada la paradoja del potencial radical.11 Si bien, algunas preocupaciones feministas fueron adoptadas en algunas estructuras de gobierno, en realidad el GM se convirtió en algo meramente técnico y despolitizado. Ejemplos de esto son la generación de información desagregada por sexo o la incorporación de lenguaje sensible al género en las políticas ambientales. Estas medidas son necesarias, pero aisladas no ayudan a avanzar hacia la igualdad.12

La incorporación de la perspectiva de género en la política ambiental mexicana puede considerarse como una expresión de la paradoja del potencial radical del GM.13 Este proceso fue llevado adelante entre los años 1997 y 2000 gracias a la coordinación entre gobierno, académicas y organizaciones civiles y el financiamiento de organismos internacionales y se tradujo en novedosos instrumentos y mecanismos para el diseño de políticas ambientales en México.14 Sin embargo, no hay evidencias de transformación de las relaciones de género desde estas políticas, sino solamente una mayor visibilización de las mujeres en el manejo ambiental y algunos beneficios puntuales en términos económicos y de habilidades. Esto puede relacionarse con que el GM haya sido aceptado desde la estructura gubernamental por ser considerado políticamente correcto y poco amenazante para el establishment político.15

En la política climática internacional, la inclusión de la agenda de género es accesoria, pues al no definir estrategias para concretarla, recae en la voluntad y conocimientos de quienes sean responsables, lo que es otra expresión de la paradoja del potencial radical.16 Por otro lado, a nivel internacional prevalece un discurso de las mujeres del Sur Global como víctimas del cambio climático, que universaliza su vulnerabilidad y corre la atención de las relaciones de poder y desigualdades.17 En esta línea, la incorporación del género al Acuerdo de París se concentra en la adaptación y desarrollo de capacidades, y queda por fuera de los temas de mitigación y desarrollo tecnológico, lo que también se observa en el marco legal y programático del cambio climático en México.18

Ahora bien, las barreras para la implementación del GM en la política climática también existen en contextos regionales, nacionales y locales, tanto en el Sur como en el Norte Global. Algunas de las barreras identificadas son que existe una falta de entendimiento y despolitización del concepto de género y una falta de claridad sobre el enfoque de transformación radical del GM;19 que las instituciones abocadas al GM tienen apoyo retórico, pero carecen de recursos materiales o políticos adecuados;20 que el propio entendimiento del problema del cambio climático está moldeado por normas y procesos masculinos institucionalizados y, por lo tanto, se priorizan las soluciones técnicas y de seguridad por sobre abordajes sensibles al género basados en las personas;21 y, por último, una capacidad institucional deficiente para la implementación de las políticas diseñadas y contradicción con otros marcos legales.22

Reflexiones feministas sobre la política ambiental

Mundialmente son muchas las instituciones y políticas que siguen sin contemplar al género o que lo hacen de forma tal que su implementación no deviene en avances hacia la igualdad. En resumen, algunos de los problemas identificados es que se entiende al género como sinónimo de mujeres, se asumen diferencias universales y estáticas entre mujeres y varones y se ha convertido al género en algo puramente técnico, dejando las desigualdades de poder intactas.

Entonces, la institucionalización del gendermainstreaming parece haber despolitizado la propuesta de hacer política ambiental con perspectiva de género con el fin de sostener proyectos de gobernanza con lógicas neoliberales, en los que no caben los cambios socioeconómicos y políticos de fondo que son necesarios para avanzar hacia la igualdad.23 Por esto, es fundamental la constante vigilancia de este tipo de estrategias y la movilización y organización colectiva a fines de recuperar y mantener el enfoque transformador de las demandas feministas.

Por último, las instituciones y acciones gubernamentales deberían desarrollarse en un marco de justicia, en el que se integre la ética y los principios del cuidado a los de la sostenibilidad.24 Dicho de otra manera, a la vez de una redistribución económica y del poder en la toma de decisiones, el trabajo de cuidados debe ser reconocido y redistribuido. Caso contrario, se seguirá profundizando la desigualdad de género al involucrarse más las mujeres en la gobernanza y acciones ambientales. Es por esto que tienen especial relevancia las propuestas de sistemas integrales de cuidados, tanto interpersonales como ambientales, que eviten que estas tareas recaigan únicamente en el ámbito individual y en las espaldas de las mujeres.25 Particularmente, en el contexto de crisis climática y ambiental en el que sabemos que los cuidados serán cada vez más y más necesarios.


1 Buckingham, S., y Le Masson, V. (2017). Introduction. En S. Buckingham y V. Le Masson (Eds.), Understanding Climate Change through Gender Relations (1.ª ed., pp. 1-12). Routledge.

2 Puleo, A. (2008). “Libertad, igualdad, sostenibilidad. Por un ecofeminismo ilustrado”, Isegoría38, 39-59.

3 Arora-Jonsson, S. (2017). “Gender and environmental policy”, S. MacGregor (Ed.), Routledge handbook of gender and environment (pp. 289-303). Routledge, Taylor y Francis Group.

4 Brown, H. C. P. (2011). “Gender, climate change and REDD+ in the Congo Basin forests of Central Africa”, International Forestry Review13(2), 163-176.

5 Chávez Rodríguez, L. (2014). “Cambio Climático y Género: Reflexiones críticas para interpretar los nexos”, P. Aguirre Mejía y R. Muñoz Cisternas (Eds.), Biodiversidad, Conocimiento Local y Cambio Climático en la Región Andino‐Amazónica: Muchos Desafíos un Solo Objetivo. (pp. 54-64). Cuvillier.

6 Aguilar, L., Granat, M., y Owren, C. (Eds.). (2015). Las raíces del futuro: Situación actual y progreso en género y cambio climático, UICN y GGCA.

7 Ídem 3.

8 Alston, M. (2013). “Gender mainstreaming and climate change”, Women’s Studies International Forum47, 287-294.

9 Wittman, A. (2010). “Looking local, finding global: Paradoxes of gender mainstreaming in the Scottish”, Executive, Review of International Studies36(1), 51-76.

10 Mukhopadhyay, M. (2016a). “Mainstreaming gender or ‘streaming’ gender away: Feminists marooned in the development business”, W. Harcourt (Ed.), The Palgrave Handbook of Gender and Development (1st ed., pp. 77–91). Palgrave Macmillan.

11 Ídem 9.

12 Ídem 3.

13 Vázquez García, V. (2014). “Gender mainstreaming en la política ambiental mexicana. Balance y perspectivas”, Sociedades Rurales, Producción y Medio Ambiente14(28), 17-45

14 Priego Martínez, K. (2002). Experiencias exitosas en la incorporación de la perspectiva de género en políticas públicas.

15 Ídem 13.

16 Fosado Centeno, E. J. (2019). “La lógica de género en la configuración del discurso climático: Un análisis del campo institucional (1994-2015)”, GénEros26, 7-39.

17 Arora-Jonsson, S. (2011). “Virtue and vulnerability: Discourses on women, gender and climate change”, Global Environmental Change, 21(2), 744-751.

18 Vázquez García, V. (2016). “La equidad de género en la política climática. México en el Acuerdo de París”, J. C. Rueda Abad, C. Gay García, y F. Quintana Solórzano (Eds.), 21 Visiones de la COP21. El acuerdo de París. Retos y áreas de oportunidad (pp. 271-282). Universidad Nacional Autónoma de México.

19 Ídem 18.

20 Allwood, G. (2014). “Gender mainstreaming and EU climate change policy”, E. Weiner y H. MacRae (Eds.), The persistent invisibility of gender in EU policy (Vol. 18, pp. 1-26).

21 Magnusdottir, G. L., y Kronsell, A. (2015). “The (In)Visibility of Gender in Scandinavian Climate Policy-Making”, International Feminist Journal of Politics17(2), 308-326.

22 Ídem 18.

23 Mukhopadhyay, M. (2016b). “Mainstreaming gender or ‘streaming’ gender away» Revisited”, W. Harcourt (Ed.), The Palgrave Handbook of Gender and Development (1st ed., pp. 132-142). Palgrave Macmillan.

24 Ídem 2.

25 MacGregor, S. (2017). “Moving beyond impacts: More answers to the ‘gender and climate change’ question”, S. Buckingham y V. Le Masson (Eds.), Understanding Climate Change through Gender Relations (1st ed., pp. 15-30). Routledge.

 

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