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Megadesarrollo amenaza la ecología de Tulum

Tulum, Qroo. Por daños al medio ambiente, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) clausuró ocho pequeños hoteles instalados en terrenos que el gobierno federal reivindica como parte del Parque Nacional Tulum; sin embargo, el pasado 11 de julio, contra la opinión de ambientalistas y algunos pobladores, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) aprobó el Downtown Tulum, un proyecto de desarrollo inmobiliario que se comercializa con el nombre de Aldea Zamá y que incluirá, en una primera etapa, zonas residenciales, multifamiliares y centros comerciales. Para una segunda: hoteles, canales navegables y un campo de golf.

Ubicado en los límites del Parque Nacional Tulum, la primera etapa del Downtown se desarrollará sobre 78 hectáreas de terreno que el Instituto del Patrimonio Estatal (IPAE) de Quintana Roo le vendió –no se sabe a qué precio, porque esa información ha sido clasificada como confidencial– a la empresa Mayazama SA de CV, un corporativo inmobiliario formado por Grupo Plan, del que Roberto Hernández es accionista, y grupo Dicas, de Emilio Díaz Castellanos, según la información que se ha hecho llegar a publicaciones para inversionistas.

El proyecto ha sido motivo de una amplia polémica y movilización de los grupos ambientalistas y pequeños hoteleros, no sólo porque el gobierno del estado le quitó a la Universidad de Quintana Roo parte del terreno donde se instalará Aldea Zamá para entregarlo a los desarrolladores, sino porque el despojo fue disfrazado de permuta; se argumentó que a cambio de ese predio se le daría otro que resultó ser uno que la universidad ya poseía en comodato desde ocho años atrás en las playas de Xcacel-Xcacelito. Pero además porque modificará totalmente el rostro de ese destino turístico.

Más bien parte de la Ruta Maya que de la Riviera Maya, Tulum es una comunidad de 32 mil habitantes, cuyos turistas tienen poco que ver con los spring breakers que llegan a Cancún o los “todo incluido” que frecuentan Playa del Carmen. Los viajeros que se animan hasta acá –a más de 100 kilómetros del aeropuerto de Cancún– son europeos o nacionales, en su mayoría jóvenes mochileros, quienes disfrutan los pequeños hoteles sin luz eléctrica (para no alejar a las tortugas que anidan en estas playas), que se movilizan en transporte público, usan los taxis, comen en las fondas y compran en las tienditas del pueblo.

Es un turista que aporta a la comunidad mucho más que los del “todo incluido” de las grandes cadenas hoteleras (que comen en el hotel y se transportan en sus vehículos, sin interactuar nunca con los habitantes del pueblo) o el de los cruceros que tanto promueve la Secretaría de Turismo, dice Carlos Meade, director de la ONG Yaxche, Árbol de la Vida.

El Downtown se presentó como un proyecto con identidad maya –tuvieron que cambiar el nombre por el de Aldea Zamá, porque fue lo primero que se cuestionó durante la consulta ciudadana– “sólo porque a los departamentos les montarán una fachada estilo palapa, pero todo lo mezclarán con canales tipo Venecia”, apunta Meade, quien dice también que la experiencia indica que el concepto Riviera Maya explota todos los aspectos de lo que fue esa cultura, pero “los mayas de hoy no son más que la mano de obra barata que levantará los muros y hará los canales”.

Claudia Avendaño, quien como miembro de la comunidad asistió a las presentaciones del proyecto que hizo la empresa, recuerda que les hablaron “de dos campos de golf, canales navegables y los equipos modernos que usarían para que los químicos no lleguen al mar y maten el arrecife”

“Ellos dicen que tendrán una planta de tratamiento de aguas residuales y después las van a inyectar al subsuelo a más de 60 metros de profundidad; lo que no entienden es que no importa cuántos metros abajo la inyecten, de todos modos van a contaminar el manto porque este suelo es totalmente poroso y el agua dulce (aunque sucia) tiende a subir.

Tulum ya tiene un problema de contaminación del manto freático pues no cuenta con drenaje y en parte es problema de sus habitantes, quienes –dice Claudia–, piden al albañil que hace la fosa séptica de la casa que no la revista toda con cemento para que se filtre el agua y así nunca se llene. De lo contrario tendrían que pagar cada cierto tiempo a las pipas que hacen el servicio de recoger las aguas negras de las casas del municipio”.

Tulum, “región amenazada”

El Programa de Regiones prioritarias (formado por organismos ambientales nacionales e internacionales) catalogó la zona donde se ubicará el proyecto Downtown como de “alta biodiversidad” y “región amenazada”. El dato es retomado por la Semarnat en su dictamen para autorizar, con el cambio de uso de suelo, que esta selva mediana subperennifolia sea deforestada y se destine a “uso habitacional”.

La primera etapa consistirá en la urbanización de la zona mediante la instalación de servicios públicos como drenaje sanitario, agua potable, energía eléctrica y banquetas, que dividirá al terreno en 25 manzanas. En la segunda, será ofertado “a los habitantes de la localidad e inversionistas”. En 16 meses el terreno estará urbanizado y en 10 totalmente edificado con condominios y comercios.

En el terreno se ubica un cenote, 26 especies de aves, seis de reptiles, cinco de anfibios y 4 de mamíferos. De las 41 especies registradas, 8 se ubicaron dentro de la NOM-059-Semarnat-2001, entre ellas la palma chit, especie amenazada. Para el cenote estipula que en un radio de 50 metros a la redonda “quedan prohibidas todo tipo de actividades constructivas. De esta manera, la formación referida deberá ser integrada al paisaje como sitio de contemplación de la naturaleza”.

La resolución de la Semarnat sobre el impacto ambiental hace un señalamiento confuso: en una tabla sobre la “política aplicable a la Unidad de Gestión Ambiental AH3-4, en la que se localiza el predio de interés en la ciudad de Tulum” dice que se puede aprovechar predominantemente para “asentamientos humanos” y que el uso del suelo es compatible con el manejo de infraestructura y turismo, sin embargo, cuando señala los usos “incompatibles, y que en ningún caso es recomendable llevar a cabo” además de la agricultura, señala también, otra vez, el “turismo”.

Bajo en suelo de lo que será el Downtown –como en toda la región– hay un manto freático que se ubica a una profundidad de unos ocho metros, por lo que se indica a los constructores que las obras de infraestructura para dotar el terreno de luz, agua, drenaje, agua, etcétera, que serán subterráneas, no deberán superar una profundidad de cuatro metros, para “no ser un factor que promueva la afectación del manto”.

La Semarnat le ha indicado también que para desmonte, despalme, relleno, nivelación del terreno y todo lo relacionado con la primera etapa de los trabajos, podrá contratar sólo a 41 trabajadores e instalar sanitarios portátiles pues la genereación de 20 litros diarios de orina, entre otros, pueden contaminar el manto freático.

La vida en la península de Yucatán depende del manto (los cenotes son parte de ese sistema) porque en toda la zona hay un sólo río, el Hondo, pero se ubica en los límites de Quintana Roo y Belice.

Sobrexplotar Tulum devastará el río subterráneo más grande del mundo

Robbie Schmittner y Stephen Bogaerts lograron el 23 de enero de 2007 conectar el sistema Aktun y el Nohoch Nah Chiich, con lo cual demostraron que en la península de Yucatán, muy cerca de la zona arqueológica de Tulum, corre el río subterráneo más grande del mundo. Meses después otros buzos, entre ellos un equipo alemán, se internó en ese monstruo de 153 kilómetros de largo y descubrieron algo más: una porción, aunque pequeña, está contaminada con desechos orgánicos, particularmente excremento humano.

Para todos, especialistas y medios de comunicación, ha sido más gráfico denominar al acuífero “río subterráneo”. En realidad, dice la bióloga Estela Bolaños, residente en Tulum desde hace nueve años y maestra en ciencias por la Universidad Nacional Autónoma de México, lo que hay bajo este suelo es un sistema de cuevas que durante una de las últimas etapas de formación de la Tierra (después de la caída del meteorito que impacto en la península de Yucatán) se hundió y quedó por abajo del nivel del mar. Por ello el sistema se alimenta de agua salada, que se filtra desde la costa por las oquedades, y dulce, que se trasmina de la lluvia.

Este suelo, que en términos geológicos es mucho más joven que el resto del territorio continental de México, es de roca kárstica, que se caracteriza por su alta permeabilidad. La revista Arqueología Mexicana, de enero de 2007, dedicó sus páginas a los cenotes en el área maya. Para lo anterior convocó a un grupo de especialistas nacionales y extranjeros que abordaron el tema desde distintas perspectivas. En el artículo Los cenotes de la península de Yucatán, los especialistas explicaron así la composición de los llamados ríos subterráneos:

“El agua de lluvia se infiltra y acumula en el subsuelo, formando una lente de agua dulce delgada que flota sobre una masa de agua salina, más densa, cuyo origen es la intrusión marina natural. El contacto entre ambas masas de agua, dulce y marina, forma una zona de mezcla o haloclina que en conjunto conforma un componente geológico importante del acuífero. La lente de agua dulce constituye la única fuente de ese tipo en la península de Yucatán, desde tiempos prehistóricos, renovable solamente por la lluvia estacional.

“Este acuífero es, por sus características, intrínsicamente vulnerable a la contaminación. La masa de agua marina ingresa por la costa a la península y llega hasta 110 kilómetros tierra adentro en el estado de Yucatán.”

Esta composición del suelo, dice la bióloga Bolaños, explica por qué empieza ya a acumularse la materia orgánica en el techo de las cavernas inundadas de agua dulce y salada que forman el subsuelo de Tulum, y por qué será devastador en términos ambientales el proyecto que impulsan los gobiernos federal y estatal para hacer de este destino un polo de desarrollo al estilo de Cancún o Playa del Carmen.

“No nos negamos al desarrollo, el pueblo lo está solicitando porque hay demanda de empleo, pero la ciencia también provee modelos para determinar la carga de turismo que cada región soporta”, apunta Estela Bolaños, cuyas explicaciones sobre el impacto que un desarrollo no controlado de la industria turística tendría circulan ya en You Tube, en un video auspiciado por pequeños hoteleros y grupos ecologistas de Tulum. Ahí también hay imágenes tomadas por los buzos que descubrieron la materia fecal.

El presidente del concejo municipal de Tulum, Víctor Maas Tah, dice que el dowtown es un proyecto que ha acreditado la documentación correspondiente; por ello él participó el martes 15 de julio en el banderazo de inicio de las obras. “Habrá áreas comerciales y viviendas con un máximo de dos pisos; será un lugar muy exclusivo, así que la densidad de población máxima no superará l15 habitaciones por hectárea. De momento no se contempla construir el campo de golf”

“La Riviera Maya ha sido un éxito y Tulum es parte de eso”, apunta Maas Tah. Pronto tendrán su propio aeropuerto –para ya no depender del de Cancún, que se ubica a 100 kilómetros– y la proyección es, dice el funcionario del recién creado municipio, que este pueblo de 32 mil habitantes crezca de tal manera, alrededor de los servicios turísticos, que llegue a poco más de 250 mil habitantes en un lapso no mayor a 10 años.

“El centro urbano, sin drenaje”

El problema dice, es que el centro urbano no cuenta con drenaje y la porosidad del terreno hace que todo se filtre; “es un tema urgente porque hay un porcentaje, mínimo, un 2 o 3 por ciento del río subterráneo, en ciertas zonas del casco urbano”. que está contaminado. Reconoce que se trata de excremento humano, pero “estamos en un momento muy oportuno para detenerlo y buscar soluciones”.

El dowtown tendrá su propio drenaje, dice –según la manifestación de impacto ambiental se conectará al del municipio, que no existe–, además de una serie de plantas de tratamiento de agua, y “a ellos (los desarrolladores) les interesa que se haga porque se podrán interconectar al del municipio”.

La migración y el crecimiento acelerado a raíz de los nuevos proyectos “es parte de la problemática social que debemos prever. Es un asunto difícil. Ojalá haya una planeación integral. Yo deseo que las cosas sean diferentes a como se dieron en Cancún o Playa del Carmen… voy a poner mi granito de arena para que esto crezca. Algunos quisieran que esto se conservara, pero el crecimiento es así, hay costos, es lamentable”.

El porvenir de Tulum, en manos de la SCJN

La disputa por la explotación turística del parque nacional Tulum –con sus zonas arqueológicas, cenotes y aguas azul turquesa– se definirá en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN). Pero mientras los ministros deciden, la clausura de ocho de los 14 hoteles que aquí funcionan, a manos de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) puso sobre la mesa la maraña jurídica que rodea la propiedad de la tierra en esta región y el tráfico de influencias y corrupción sobre el que se edifican los emporios turísticos del Caribe mexicano.

El lunes 7 de julio inspectores de la Profepa visitaron, acompañados de elementos de la Armada, seis hoteles que se ubican en el parque y colocaron sellos de clausura con el argumento de que carecían de manifestación de impacto ambiental. Los siguientes días, dos más recibieron la visita. En ese momento empezó a ventilarse el conflicto que se venía dando entre un grupo de hoteleros y la Federación desde hacía un par de años, cuando las autoridades ambientalistas y del Instituto Nacional de Antropología e Historia del gobierno calderonista descubrieron que ahí había un parque nacional que cuidar.

El 13 de marzo el Congreso del estado aprobó por unanimidad la creación del noveno municipio del estado: dividió Solidaridad y dio paso a Tulum. El 9 de abril, un día antes de que concluyera su periodo como alcalde de Solidaridad, Carlos Joaquín González, actual secretario estatal de Turismo, mandó publicar en el Diario Oficial del Estado un plan de desarrollo urbano para Tulum, el cual fue aprobado por el cabildo en sesión “secreta”.

En ese plan de desarrollo se incluyó como parte de la zona urbana del municipio –y, por tanto, susceptible de ser manejada como zona habitacional o para desarrollo turístico– la mayor parte de las 644 hectáreas que un decreto de 1981 convirtió en parque nacional. De hecho, el municipio planea dejar sólo 33.57 hectáreas para las zonas arqueológicas de Tulum y Tancah y usar el resto para el crecimiento de la ciudad.

El 28 de mayo el Ejecutivo federal, a través de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), interpuso una controversia constitucional contra el municipio de Solidaridad y del plan de desarrollo urbano. La SCJN llamó al representante legal del nuevo municipio para que participe en la disputa como parte interesada.

Entre el momento en que se emitió el decreto expropiatorio (1981) y las autoridades federales decidieron hacerse cargo del parque pasaron más de 20 años. En ese lapso se expidió un decreto que nunca se ejecutó, se entregaron títulos de propiedad sobre terrenos de la nación, se despojó a ejidatarios mayas, se permutaron tierras fuera de cualquier marco jurídico y se creó un régimen de posesión del suelo cuyo destino es incierto.

En noviembre de 1973 el gobierno federal otorgó al estado de Quintana Roo la propiedad de 2 mil 110 hectáreas para la formación y ampliación del fundo legal, incluidos los terrenos de la zona arqueológica de Tulum. En marzo de 1981 José López Portillo entregó 200 hectáreas más para ampliar la reserva territorial del estado. Una versión dice que con ello se pretendía regularizar los terrenos para que un amigo del mandatario pudiera comprarlos. Como los propietarios de los predios colindantes con aquellos que quería el amigo del entonces presidente no quisieron vender, López Portillo se enojó y el 23 de abril de 1981, 30 días después del primer decreto, emitió otro para crear el parque nacional Tulum, con 664 hectáreas, que incluía las 200 hectáreas que le había dado a Tulum y 464 correspondientes a las que había recibido el estado en 1973.

Pero el decreto contenía varios errores: las coordenadas del terreno expropiado se trazaron mal, de manera que el análisis topográfico (elaborado por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática para hacer el plan de desarrollo de Tulum) señala que hay una desviación de más de cinco grados al oriente, por lo que sólo 384 hectáreas son de tierra y 284 “se desarrollan sobre el mar, dejando sin cubrimiento la franja costera continental al norte del sitio arqueológico de Tulum”. Además, según el encabezado del decreto el terreno se ubica en el municipio de Felipe Carrillo Puerto, mientras en el texto se dice que forma parte de Cozumel (del que formó parte antes de que se creara el municipio de Solidaridad).

En su proyecto, el municipio aclara que al norte de la zona arqueológica opera “un desarrollo denominado Dreams, que se encuentra en ampliación y cuenta con 238 cuartos de hotel en un predio de un poco de más de 10 hectáreas”, y que decenas de propietarios tienen comprobantes inscritos con folio real tanto en el Registro Público de la Propiedad Inmobiliaria Federal como en el Registro Público de la Propiedad de Quintana Roo.

Los errores del decreto y el hecho de que nunca se indemnizó conforme a la ley a los afectados hicieron que el gobierno del estado (dueño de la mayor parte, gracias al decreto de 1973) vendiera una amplia extensión y quienes ahí vivían o tenían propiedades siguieran ejerciendo su derecho sobre ellas.

Estas fallas permiten que los abogados de los dueños de los hoteles clausurados consigan suspensiones provisionales para seguir operando con todo y sellos, mientras la SCJN determina qué hacer.

Venta de terrenos al margen de decretos

La historia de Tulum bien podría dar pie a un tratado sobre la ceguera o la amnesia. En 20 años nadie vio o recordó que había un decreto presidencial –mal hecho, pero ahí estaba– que impedía seguir lucrando con los terrenos que rodean la zona arqueológica, esa fortaleza desde la cual los mayas otearon el mundo.

Durante este tiempo el gobierno del estado se hizo de la vista gorda sobre la existencia del decreto presidencial y siguió vendiendo y escriturando terrenos del parque nacional, y el municipio de Solidaridad (al que pertenecía Tulum) otorgó permisos de construcción.

Dependencias federales como la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) también contribuyeron al caos actual: aprobaron manifestaciones de impacto ambiental a varios hoteles que se instalaron en el parque, nunca diseñaron un plan de manejo y hasta 2006 la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) no se hizo presente.

El 5 de abril de 2000 –todavía con Ernesto Zedillo Ponce de León en la Presidencia– la delegación de la Semarnat en Quintana Roo aprobó la resolución de impacto ambiental DFQR/ 2000, que permitió al grupo Sole Resort erigir 90 habitaciones en el parque. Este hotel, el Dreams, en cuya recepción hay un cenote como decoración, tiene más de 200 habitaciones porque la misma dependencia le siguió otorgando permisos para ampliarse.

Según el actor y empresario Roberto Palazuelos, dueño de Diamante K –uno de los ocho hoteles en problemas–, 260 personas tienen títulos que las acreditan como dueñas y posesionarias legítimas de los terrenos de playa que se ubican en el norte y al sur del fuerte de Tulum.

Él posee nueve lotes; César Portilla López, dueño del canal 30 de cable de Tulum y del Caleta Tankah (también clausurado), entre otros negocios, posee más de 100 hectáreas. En todo el parque sólo quedan dos descendientes de los pueblos originarios de Yucatán. Uno de ellos es Pablo Canché Balam y el otro su sobrino Nicasio, que es el guardián de las ruinas.

A principios de 2007 la Semarnat y otras dependencias federales repararon en las irregularidades con que operaban los hoteles del parque y amenazaron con solicitar órdenes judiciales para derruirlos; la mayoría de los propietarios solicitó amparos. En abril de 2007 Palazuelos promovió el amparo 496/2007 y obtuvo una suspensión provisional y definitiva contra una multa de un millón 200 mil pesos y la orden de demoler en 90 días su hotel de 30 habitaciones. Por ello el actor de Televisa montó en cólera el 7 de julio, cuando colocaron en su negocio los sellos de clausura.

Sin embargo, el amparo que consiguió el año pasado le permite estar en el parque hasta que la Suprema Corte de Justicia de la Nación dicte sentencia sobre su situación, pero no lo libra de cumplir con las manifestaciones de impacto ambiental y toda la serie de requisitos que implica poseer un hotel en la playa.

Por ello, después de que le clausuraron su establecimiento tuvo que pedir un segundo amparo. Palazuelos, como todos los que tienen hoteles en el parque, cuenta con escrituras.

Algunos de los dueños de hoteles de la costa de Tulum compraron directamente los terrenos al gobierno del estado; otros hicieron lo propio con los ejidatarios mayas que vivían aquí cuando llegaron los decretos de las décadas de los setentas y los ochentas, y consiguieron quedarse temporalmente. Pero la manera en que los terrenos han pasado de unas manos a otras se pierde en la opacidad.

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