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lunes , 17 enero 2022
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México ante el alza del precio internacional de los fertilizantes

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ADRÍAN DUHALT. EXPANSIÓN.

Desde mediados del 2021, la economía global ha sido testigo de cómo el precio de los fertilizantes ha tocado niveles no registrados desde la crisis financiera del 2008-09, y en casos como la urea, el fertilizante de mayor peso para la agricultura nacional, máximos históricos.México es particularmente vulnerable ante dicha coyuntura. Hay que recordar que, desde la mitad de la década de los 90s, la industria de los fertilizantes nitrogenados se ha achicado al punto que hoy las importaciones de urea – por dar un ejemplo – representan casi la totalidad del consumo doméstico.

Es difícil saber con certeza hasta qué punto el consumo doméstico de urea depende de las importaciones dado que ni la Asociación Nacional de la Industria Química ni el Sistema de Información Energética, es más, ni la misma Pemex, exhiben información en cuanto a la producción nacional.

Lo que se sabe es que Pro-Agroindustria, una de las plantas que adquirió la petrolera nacional en la administración pasada, comenzó a producir urea de manera intermitente en abril del 2020, aunque cesó operaciones en abril del 2021 debido a la interrupción en el abastecimiento de amoniaco.

En su comparecencia en la Cámara de Diputados el pasado 27 de octubre, Octavio Romero Oropeza brevemente comentaba, palabras más palabras menos y sin dar detalles, que ya se producen fertilizantes en las dos plantas que se compraron a sobreprecio en el gobierno anterior. Independientemente de lo que pueda argumentar el director de Pemex, el punto es que los agricultores nacionales dependen enormemente del suministro de urea (y otros fertilizantes) desde el exterior.

Veamos algunos números.

En los primeros nueve meses del 2020 el país importó 1,586,791 toneladas de urea con un valor de 407.9 millones de dólares (mdd), según datos de la Secretaría de Economía. Pero dado los altos precios el monto reportado durante los mismos meses del 2021 sumó 525 mdd, aunque por un volumen menor, es decir, 1,333,790 toneladas.

Es claro que, en este contexto, México – al igual que otros países importadores – está destinando más dólares para obtener menos toneladas de urea, lo que nos hace estimar que, a este ritmo, México está encaminado a erogar en el 2021 alrededor de 700 mdd por compras de urea en el exterior – el monto más alto desde que se tiene registro.

¿Qué ocurre en el mercado global de fertilizantes?

De acuerdo con DTN, firma enfocada al análisis de mercados que compila información de 300 minoristas de fertilizantes en Estados Unidos, el precio promedio de la urea se disparó de 359 dólares en la primera semana de diciembre del 2020 a 873 dólares un año después.

En Europa se ha observado un fenómeno similar en toda la cadena, empezando con el gas natural, cuyo precio en lo que va del 2021 se ha incrementado casi en un 600%, alcanzado cotizaciones superiores a los 40 dólares por millón de Btu en diciembre.

Esto ha causado que el costo del amoniaco, el cual es la principal materia prima en la producción de fertilizantes nitrogenados, se haya incrementado de 110 dólares por tonelada en el verano del 2020 a 1,100 dólares por tonelada en noviembre y diciembre del 2021. Varias plantas de amoniaco y fertilizantes se han visto en la necesidad de reducir producción o incluso cesar operaciones.

Los próximos meses no pintan nada bien si consideramos que, con la intención de mantener los precios de los alimentos y fertilizantes bajo control, Rusia, el principal exportador de urea del mundo, ha impuesto límites a la exportación, mientras que China, el segundo mayor exportador, ha prohibido los envíos de urea al exterior.

Es claro que durante al menos la primera mitad del 2022 el precio de la urea y otros fertilizantes nitrogenados continuara elevado, y este es un tema que no debería de pasar desapercibido en México dada las posibles repercusiones – las cuales abordaré en mi siguiente entrega.

Nota del editor: Adrián Duhalt es investigador posdoctoral en temas de energía en el Instituto Baker de la Universidad de Rice, Houston. Síguelo en Twitter como @AdrianDuhalty en LinkedIn. Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

 

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