sábado , 19 septiembre 2020
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México depende del agua subterránea, por eso hay que estudiarla: Antonio Hernández Espriú

ANTIMIO CRUZ BUSTAMANTE.

Nuestros científicos. Si a mí me escuchara un diputado o el presidente le diría que el agua subterránea tiene que recibir mucho más presupuesto federal del que ahora recibe, para mejorar notablemente el modelo de gestión de los acuíferos, dice el investigador de la UNAM

México depende del agua subterránea, por eso hay que estudiarla: Antonio Hernández Espriú | La Crónica de Hoy

El doctor Hernández Espriú es uno de los impulsores de la investigación en hidrología ambiental en México. DGCS/UNAM

México es un país que depende del agua subterránea, por eso es indispensable estudiarla, otorgarle mucho más presupuesto federal y hacer públicos los datos con los que toman decisiones los gobiernos. En la Ciudad de México, el 60 por ciento del agua que consumimos provienen del subsuelo y en todo el país de cuatro a cinco de cada diez litros de agua que utilizamos, son otorgados por los acuíferos. Así lo explicó a los lectores de Crónica José Antonio Hernández Espriú, experto en hidrogeología, profesor e investigador en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Hombre que realiza expediciones de campo, con alumnos y colegas, en busca de lugares donde pudieran existir fuentes de agua aprovechable para las personas, Hernández Espriú comenta que la hidrogeología en México vive un momento muy interesante pues, si se observa una línea de tiempo desde los años 70s hasta ahora, se ha pasado de una etapa de investigación cualitativa a una cuantitativa y ahora se inicia una nueva etapa predictiva.

“Hace décadas se estudiaba la geología a detalle para identificar, por medio de las rocas presentes, si podría haber ocurrencia de agua subterránea; después entramos en una etapa donde se buscaba detallar la cantidad y variaciones temporales del volumen y calidad del agua. Ahora, gracias al avance de la tecnología, comenzamos a hacer modelos matemáticos predictivos para saber cómo evolucionarán ciertos acuíferos en el futuro”, indica el académico de la Facultad de Ingeniería de la UNAM.

Hijo de Antonio Hernández y Lozano, un profesor de la Facultad de Contaduría y Administración de la UNAM y de Rosa Espriú, una maestra de secundaria y preparatoria de las materias de Geografía, Historia y Civismo, José Antonio generó desde muy temprano amor hacia la vida académica y hacia la UNAM, a donde acudía a jugar desde su infancia temprana. Hoy, dice sentirse profundamente agradecido con la Universidad y con la geología porque le permitieron aprender cosas que le apasionan, viajar por México y el mundo, pero sobre todo conocer a su esposa, la ingeniera Erika Macías Medrano, con quien tiene a su hija, Amaya Cecilia, de 8 años.

“Yo creo que hace falta mucha difusión para que la gente conozca el quehacer de las Ciencias de la Tierra. Muchos geocientíficos hacemos esfuerzos dando pláticas a jóvenes, incluso en la primaria de mi hija, pero creo que si los jóvenes supieran todas las áreas que abarcan estas carreras quedarían fascinados, además, se dice poco, pero son carreras muy bien pagadas”, indica el científico nacido en la Ciudad de México que estudió Ingeniería Geológica en la UNAM y que es posgraduado del Programa Internacional de Hidrología Subterránea de la Universidad Politécnica de Cataluña y doctor graduado con la distinción Summa Cum Laude por la Universidad Complutense de Madrid, en el área de hidrogeología ambiental.

“Pero la raíz de mi amor por la Geología empezó con una clase que tuve el primer año que estuve en la Facultad, con el profesor y mentor Héctor Macías González. Había pensado cambiarme a otra ingeniería pero con él descubrí la hidrogeología y supe que me quería dedicar a la geología el resto de mi vida”, agrega.

Sobre sus intereses intelectuales dice que hay varios temas de los que podría pasar horas hablando porque son vastos y de enorme aplicación como o la hidrogeología ambiental, es decir los impactos que tiene en los ecosistemas superficiales la variación de las aguas subterráneas; también está muy interesado en la aplicación de técnicas de la ingeniería petrolera al estudio de la hidrogeología, para hacer más eficiente la identificación y caracterización de acuíferos. A lo anterior hay que añadir su constante interés en los cambios asociados al acuífero en la Cuenca y Ciudad México.

“Yo creo que a veces los políticos y tomadores de decisiones no le hacen mucho caso al estudio del agua subterránea porque no se ve. Evidentemente, las obras subterráneas no son equiparables a las grandes obras de ingeniería civil que se requieren para las presas u otra infraestructura para aguas superficiales. Sin embargo, aunque sólo se vean obras pequeñas de pozos, son tan importantes que en regiones, como la Península de Yucatán, el 100 por ciento del agua usada es de origen subterráneo. También en el norte del país, en zonas áridas, hay regiones enteras donde el agua subterránea es la única fuente de ese líquido y hay 2 millones de hectáreas de producción agrícola que se riegan con pozos”, agrega el estudioso que en 2017 realizó investigaciones sobre el nexo agua – energía en yacimientos no convencionales, en la Universidad de Texas, en Austin.

“Si a mí me escuchara un diputado o un presidente le diría que el agua subterránea tiene que recibir mucho más presupuesto federal del que ahora recibe, para poder mejorar notablemente el modelo de gestión de los acuíferos en México. También, deben abrir la información en bases de datos públicas sobre las aguas subterráneas de México, ya no debe ser un secreto de Estado. En países como Estados Unidos es posible conectarte y estudiar todas las bases de datos relacionadas con la cantidad, distribución y calidad química del agua. Aquí la información sigue guardándose de manera confidencial en las oficinas de los gerentes del agua. Si no se le conoce bien, será difícil que se le dé la importancia que verdaderamente debe tener”, concluyó el doctor José Antonio Hernández Espriú.

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