miércoles , 20 noviembre 2019
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Mujeres sacan todo el jugo a la guayaba

JULIANA FREGOSO. EXCELSIOR. Corría el año 2003 cuando un grupo de 15 mujeres de la población de Jiquilpan en el municipio de San Gabriel, Jalisco, vieron cómo se les escurría de las manos la vida con la que habían soñado ante las pocas oportunidades de desarrollo que había en el pueblo, y es que sus maridos emigraron hacia Estados Unidos.

Decepcionadas y sin dinero tuvieron que recoger guayabas casi en descomposición que desechaban en las huertas de la población por no tener cabida en el mercado, durante semanas ésta fue su comida y la de sus hijos hasta que a una de ellas se le ocurrió hacer mermelada de guayaba para vender en la escuela del pueblo.

Para su sorpresa, el preparado tuvo gran éxito, así, las mujeres se dedicaron a recoger todo el fruto que aún no estuviera podrido para hacer más mermelada y tener ingresos más elevados.

“De la mermelada pasamos al ate, al almíbar y fue entonces cuando alguien del gobierno nos dijo que pidiéramos un crédito para tener una pequeña empresa porque Estados Unidos estaba comprando este tipo de cosas y así nació Campo Deli”, cuenta Miria Tamar, presidente de la empresa que se constituyó como una cooperativa.

Así, consiguieron un financiamiento del gobierno de Jalisco por 350 mil pesos más 150 mil pesos que entre todas reunieron vendiendo sus pocas pertenencias y pidiendo dinero prestado a sus familiares y conocidos.

Con estos recursos compraron maquinaria para producir a mediana escala, pero después, ante la demanda de sus productos en ciudades cercanas, como Guadalajara, tuvieron que ampliar su capacidad instalada para producir una tonelada diaria de dulces, mermeladas y jaleas que se venden principalmente en las llamadas tiendas gourmet.

“Estamos vendiendo casi seis toneladas al mes, ya tenemos el sello Mex Best para exportar y ya cumplimos con las regulaciones de la Food and Drug Administration (FDA, por sus siglas en inglés), ya nos falta poco para empezar a exportar también”, dice Tamar.

Estas mujeres sienten que son exitosas, pero para llegar no sólo tuvieron que enfrentar la partida de sus maridos sino que por ser mujeres solas quedaron bajo el escrutinio de su comunidad y su iniciativa las hizo víctimas de todo tipo de comentarios.

Pero ahora no sólo gozan de prestigio ante su comunidad, sino que se han convertido también en generadoras de empleo y quienes antes las señalaban ahora acuden a su pequeña empresa a buscar trabajo temporal en la época en que saben que la producción es alta.

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Mujeres sacan todo el jugo a la guayaba

JULIANA FREGOSO. EXCELSIOR. Corría el año 2003 cuando un grupo de 15 mujeres de la población de Jiquilpan en el municipio de San Gabriel, Jalisco, vieron cómo se les escurría de las manos la vida con la que habían soñado ante las pocas oportunidades de desarrollo que había en el pueblo, y es que sus maridos emigraron hacia Estados Unidos.

Decepcionadas y sin dinero tuvieron que recoger guayabas casi en descomposición que desechaban en las huertas de la población por no tener cabida en el mercado, durante semanas ésta fue su comida y la de sus hijos hasta que a una de ellas se le ocurrió hacer mermelada de guayaba para vender en la escuela del pueblo.

Para su sorpresa, el preparado tuvo gran éxito, así, las mujeres se dedicaron a recoger todo el fruto que aún no estuviera podrido para hacer más mermelada y tener ingresos más elevados.

“De la mermelada pasamos al ate, al almíbar y fue entonces cuando alguien del gobierno nos dijo que pidiéramos un crédito para tener una pequeña empresa porque Estados Unidos estaba comprando este tipo de cosas y así nació Campo Deli”, cuenta Miria Tamar, presidente de la empresa que se constituyó como una cooperativa.

Así, consiguieron un financiamiento del gobierno de Jalisco por 350 mil pesos más 150 mil pesos que entre todas reunieron vendiendo sus pocas pertenencias y pidiendo dinero prestado a sus familiares y conocidos.

Con estos recursos compraron maquinaria para producir a mediana escala, pero después, ante la demanda de sus productos en ciudades cercanas, como Guadalajara, tuvieron que ampliar su capacidad instalada para producir una tonelada diaria de dulces, mermeladas y jaleas que se venden principalmente en las llamadas tiendas gourmet.

“Estamos vendiendo casi seis toneladas al mes, ya tenemos el sello Mex Best para exportar y ya cumplimos con las regulaciones de la Food and Drug Administration (FDA, por sus siglas en inglés), ya nos falta poco para empezar a exportar también”, dice Tamar.

Estas mujeres sienten que son exitosas, pero para llegar no sólo tuvieron que enfrentar la partida de sus maridos sino que por ser mujeres solas quedaron bajo el escrutinio de su comunidad y su iniciativa las hizo víctimas de todo tipo de comentarios.

Pero ahora no sólo gozan de prestigio ante su comunidad, sino que se han convertido también en generadoras de empleo y quienes antes las señalaban ahora acuden a su pequeña empresa a buscar trabajo temporal en la época en que saben que la producción es alta.

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