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Citricultores, compradores, trabajadores y especialistas coinciden en que a pesar del temor al coronavirus, en el municipio de Güemez lograron un precio récord de 5 mil 500 pesos la tonelada de naranja Valencia. FOTO: Roberto Aguilar. El Universal.

Naranjeros: cosecha de bonanza y miedo

ROBERTO AGUILAR. EL UNIVERSAL.

En Güémez reconocen el buen temporal; pese a la pandemia, ventas se elevan.

EL CARMEN, GÜEMEZ, Tamaulipas. Una docena de jóvenes bajan de un camión de redilas, donde se transportan entre escaleras, naranjas y colotes. Son pizcadores, y antes de iniciar sus labores deben pasar por un filtro sanitario que instalaron las autoridades, para prevenir un brote de coronavirus en el lugar conocido como La Báscula.

“Tenemos temor porque ya hay personas contagiadas, pero qué hacemos, ha sido una buena cosecha de la naranja”, opina Tomás, un cortador de fruta de 24 años.

A 37 kilómetros de Ciudad Victoria, por la carretera a Monterrey, se ubica el mayor centro de comercialización citrícola de Tamaulipas.

De las 500 mil toneladas de naranja que en promedio produce Tamaulipas, anualmente, el mayor porcentaje surge de esta región de El Carmen, ayuntamiento de Güémez. Es un sitio que colinda con comunidades y poblaciones de los municipios de Padilla, Victoria e Hidalgo.

Casi al concluir la actual temporada de cosecha, citricultores, compradores, trabajadores y especialistas entrevistados por EL UNIVERSAL coincidieron en que, a pesar del temor al coronavirus, lograron un precio récord de 5 mil 500 pesos la tonelada de naranja Valencia.

Uno de los factores para haber alcanzado un alto precio es que se acabó la fruta en otros estados como Veracruz y San Luis Potosí, así como la alta demanda a nivel nacional.

“Es la oferta y la demanda, al no haber fruta en el mercado suben los precios, y la naranja que queda hasta el final de temporada es la de Nuevo León y Tamaulipas”, explica Rodrigo Fernández, experto en la comercialización de frutas.

“Con Covid o sin Covid se iba a dar este fenómeno del alto precio, porque el año pasado fue muy seco para Veracruz y todo el Golfo de México, entonces en otras partes hubo baja producción (…) Por el temor que se generó ante el coronavirus, quieras o no, la gente toma vitamina C porque le atribuyen en publicaciones que protege el sistema inmunológico a las personas, y aunque sí hubo mayor compra del público”, detalla el especialista.

Prosperidad y temor

Pese a la bonanza, en este lugar conocido como La Báscula, también está latente el temor a un brote masivo de contagios, por la gran cantidad de trabajadores que acuden diariamente.

En los últimos días la Secretaría de Salud de Tamaulipas reportó cinco casos de personas contagiadas de poblaciones cercanas a este sitio: cuatro ubicadas en el municipio de Güémez (dos del ejido San José de las Flores, uno del ejido Guadalupe Victoria y otro de El Carmen), así como un caso del municipio de Padilla (en el ejido La Soledad).

Esta situación causó temor entre los habitantes de la región naranjera, por lo cual el presidente municipal de Güémez, Luis Lauro Reyes, solicitó la instalación de un filtro sanitario en La Báscula, y ha entregado cubrebocas, así como gel antibacterial en los ejidos.

En el filtro sanitario además el personal de la Coepris toma la temperatura corporal a los pizcadores y ha hecho trabajo de sanitización en los ejidos.

Como la vitamina C. Ante el riesgo, los trabajadores se cuidan. “Tratamos de no saludarnos, los de mi cuadrilla usamos mucho gel antibacterial y en cuanto terminamos, a darle para la casa”, comenta el joven Juan Medrano.

Él labora como desechador en una cuadrilla. Admite que en los últimos meses tuvieron una buena racha de trabajo. “Mi chamba la estaban pagando hasta en 700 pesos diarios, mientras un pizcador sacaba hasta mil pesos”, explica.

Menciona que una cuadrilla la integran entre unos 20 trabajadores, quienes llenan de fruta un camión o tráiler, en un promedio de 3 a 4 horas. Al igual que los compradores, él también ve a la naranja como un “respaldo” ante la enfermedad.

“La verdad sí tengo miedo, un poco, pero yo a diario me como unas ocho naranjas, se me hace que estamos bien protegidos”, comenta entre risas.

En el caso de Magdaleno Lara y su familia, ellos llevan 20 años dedicándose a lo que se conoce como “pepenadores” de naranja, y han visto en los últimos meses un buen precio, han vendido desde 4 mil, 4 mil 700 y hasta 5 mil 500 la tonelada.

“Aquí andamos todos los días con la bendición de Dios y los huerteros que nos pasan sus pepenas”, expresa motivado ante la buena racha.

Uno de los propietarios de la huerta naranjera, Jorge Antonio Salazar, también se refirió al buen precio que alcanzó el producto, “aproximadamente desde el año 2012 que no llegaba un excelente precio, yo comencé vendiendo una parte de la cosecha en 3 mil 300 la tonelada, luego en 4 mil 500, y se ha vendido hasta en 5 mil 500 la tonelada de naranja”, comentó.

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