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Ninguna política migratoria puede estar por encima de los derechos de la gente: FCH

SALA DE PRENSA PRESIDENCIA. TIJUANA, Baja California. Discurso del Presidente Felipe Calderón Hinojosa en el Día Internacional del Migrante.

Muy buenos días, amigas y amigos.
Licenciado José Guadalupe Osuna Millán, Gobernador del Estado de Baja California.
Diputada Gloria María Loza Galván, Presidenta de la Mesa Directiva del Congreso.
Magistrada María Esther Rentería Ibarra, Presidenta del Tribunal Superior de Justicia del Estado.
Licenciado Jorge Ramos Hernández, Presidente Municipal de Tijuana.
Distinguidos integrantes del presídium, señoras y señores legisladores bajacalifornianos federales y locales, amigas y amigos todos:

Me alegra mucho estar nuevamente aquí en la puerta de México y de América Latina, en la frontera que resiste en la historia y en el presente.

Saludo con mucho afecto a toda la gente de Tijuana, así como a nuestros paisanos que están de paso en esta ciudad.

Saludo también con afecto a los líderes de las principales organizaciones que atienden o trabajan en los intereses de los migrantes, particularmente los migrantes mexicanos en Estados Unidos.

Y celebro, amigas y amigos, que estemos reunidos hoy para conmemorar un día tan especial, como el Día Internacional del Migrante.

Sé además que esta fecha tiene un significado particular para Tijuana, porque se ha forjado con el trabajo de migrantes de todo el país, que han constituido una buena parte del espíritu combativo y trabajador del tijuanense.

Es muy especial para Tijuana porque aquí se registran alrededor de 25 millones de cruces fronterizos al año, el punto más importante de cruces fronterizos en América y, desde luego, muy probablemente en el mundo.

Aquí en Baja California además, y cerca, muy cerca de las zonas montañosas o desérticas, donde por desgracia cada año siguen muriendo cientos de mexicanas y mexicanos tratando de cruzar la frontera con rumbo a los Estados Unidos.

Me da mucho gusto también que sea aquí, en esta ocasión, donde estamos dando el banderazo de arranque al Programa Paisano, con el cual queremos darle la bienvenida a más de un millón 200 mil mexicanas y mexicanos que regresan al país para reunirse, para darse un abrazo con sus familiares, con sus amigos en esta temporada de vacaciones.

Yo le he dado órdenes ya a las 20 dependencias que participan en el Programa para que en coordinación con los gobiernos locales y municipales garanticen a los paisanos un regreso tranquilo y seguro a sus lugares de origen.

Particularmente para que nos esmeremos y borremos de una buena vez esa idea de que en algunos puntos del país, ciertamente no en Baja California, pero en otros sí, los migrantes mexicanos son a veces peor tratados por las policías mexicanas que por las del otro lado.

Les he pedido en especial que faciliten su ingreso, su tránsito, su salida del país, los trámites aduanales y los fiscales, y sobre todo que vigilemos entre todos el que quede perfectamente erradicada la corrupción y el trato vejatorio sobre los paisanos.
Me alegra además, el compromiso y el trabajo de legisladores, del Programa Diputado Amigo, que seguramente estarán ellos al pendiente, como lo estaremos nosotros, de que haya siempre alguien que escuche, que atienda y que ayude a los paisanos que viven y a veces padecen esas circunstancias.

Tengo la certeza de que así no toleraremos actos de corrupción en la atención a nuestros compatriotas, ni admitiremos estafas, abusos o vejaciones.

Por ello es importante que nos hagan saber cualquier chantaje, cualquier extorsión, cualquier mordida, cualquier atropello que sufra la gente. La denuncia es vital para cerrarle el paso a la impunidad.

Los trabajadores migrantes, más allá de su nacionalidad o de su calidad migratoria, son mujeres y hombres con sueños y aspiraciones que merecen un trato humano.

Por eso los mexicanos hemos defendido siempre los derechos y la dignidad de quienes abandonan sus comunidades de origen en busca de trabajo y de un futuro mejor.

Estoy convencido de que ninguna política migratoria, ninguna, puede estar encima de los derechos de la gente.

Esta convicción es hoy más fuerte que nunca ante el clima de encono, de animadversión, de intolerancia que algunos irresponsables comienzan a gestar en Estados Unidos en contra de nuestros paisanos.

Con el argumento de que los migrantes, los trabajadores mexicanos representan un problema económico, social o incluso de seguridad para los estadounidenses. Nada más falso.

Esta percepción no sólo es errónea porque genera tensiones innecesarias en la relación bilateral, sino porque debilita el desarrollo de América del Norte en su conjunto.

Se equivocan quienes por ignorancia, por mala fe, por interés político o económico buscan presentar a los migrantes mexicanos o incluso a los mexicanos en general como enemigos de Estados Unidos.

Los trabajadores mexicanos son gente de paz y son una raíz cada vez más importante de la economía e incluso de la política de aquel país.

Hace poco más de una semana me reuní con los embajadores y cónsules de México en Estados Unidos y Canadá con un objetivo claro: enfrentar y neutralizar la radicalización de posturas y el trato vejatorio o discriminatorio en contra de los migrantes mexicanos.

Los instruí a asumir una posición activa, a fin de hacer, entre otras cosas, a hacer visibles los enormes aportes de la migración mexicana a la economía de América del Norte.

Les pedí que usaran todos los foros, todos los medios a su alcance para difundir lo que varios estudios señalan, como es el caso de los estudios del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca que acreditan la contribución de la fuerza laboral mexicana al desarrollo y el engrandecimiento de los Estados Unidos.

Por ejemplo, ese estudio dice que los inmigrantes constituyen ya el 15 por ciento de la fuerza laboral de Estados Unidos y de ellos la gran mayoría son migrantes mexicanos.

Demuestra también que lejos de desplazar a los trabajadores nativos norteamericanos complementan su capacidad productiva, se ubican en nichos laborales disponibles donde existe demanda de trabajo, si no, no encontrarían trabajo nuestros nacionales.

Y se ha encontrado, se ha demostrado que los migrantes mexicanos incrementan la productividad y el ingreso de los trabajadores nacidos en Estados Unidos.

Esta complementariedad genera beneficios para la economía americana y para los ingresos de sus trabajadores que se calculan en más de 30 mil millones de dólares por año.

Además, nuestra gente tiene un efecto positivo en las comunidades a las que se integran, muchos de estos inmigrantes son emprendedores, ponen su negocio, generan a la vez empleos para los demás, e incluso, son más emprendedores que la mayoría de los trabajadores nacidos en Estados Unidos.

Así lo demuestra el índice empresarial de actividad empresarial de la Fundación Kauffman, que dice que los migrantes mexicanos son 40 por ciento más emprendedores que los nativos.

También se dice falsamente que los inmigrantes y sus hijos ponen en peligro la cultura de Estados Unidos, falso también, está demostrado que la segunda generación de inmigrantes latinos, que ya es mayoría, sólo siete de cada 100 utilizan el español como idioma principal.

Por otra parte, la tasa de criminalidad entre los migrantes mexicanos es menor que entre la gente nacida en Estados Unidos.

Contrario a lo que se piensa, los migrantes mexicanos tampoco son una carga para la economía, ni para las finanzas de los norteamericanos.

Por el contrario, población mexicana fuerte, trabajadores mexicanos fuertes, jóvenes, activos, están ya financiando una buena parte del sistema de retiro de los adultos mayores norteamericanos.

Y hay otros estudios como el National Research Council, que estima que los migrantes y sus descendientes tendrán un impacto positivo en el presupuesto público en el largo plazo, es decir que los impuestos americanos que pagan son mucho mayores a los beneficios que reciben en educación o salud.

Cuánto estima este National Research Council, estima que el impacto positivo para el fisco americano es de 80 mil dólares por migrante en promedio, respecto a lo que reciben por concepto de servicios públicos.

Así que yo quiero exhortar a todos, a los medios de comunicación, a las organizaciones civiles no gubernamentales, a los propios gobiernos locales, a todos los funcionarios mexicanos del Gobierno Federal, que con hechos, con argumentos sólidos, demostremos que nuestros paisanos no son un problema, sino son una solución para Estados Unidos.

Estoy convencido, además, que mientras más hostil y más discriminatoria sea la política migratoria en Estados Unidos, menos competitividad y menos productividad económica tendrán los americanos.

Los trabajadores migrantes no sólo realizan una aportación sustantiva al crecimiento, la productividad y el avance tecnológico de ese país, sino que generan, como he dicho, un efecto positivo en los ingresos de los propios trabajadores estadounidenses.

Es innegable que la economía mexicana y la norteamericana son complementarias; Estados Unidos es intensivo en capital, México lo es en mano de obra, trabajo y capital son dos caras de una misma moneda que se llama crecimiento económico, de ahí la importancia del trabajador mexicano para elevar la productividad y la competitividad de América del Norte.

Por todas estas razones y muchas más, empezando por las razones que apelan a la dignidad humana elemental en cada persona, estoy convencido de que la solución no es levantar muros ni aplicar razias, que debemos abordar el tema migratorio desde una perspectiva integral y desde una dimensión económica, política social y cultural, y no desde una óptica policiaca o persecutoria.

Hoy reafirmo ante todos ustedes amigas y amigos el compromiso del Gobierno Federal de seguir luchando por una migración legal, segura, ordenada y respetuosa de la dignidad humana.

Como he dicho antes, para mi Gobierno México no termina en esta frontera, donde quiera que haya un mexicano, ahí está la patria y ahí está la solidaridad de México con su gente.

Por eso trabajamos intensamente para defender los derechos de los mexicanos en el exterior, también actuamos como en el Programa Paisano para recibirlos con la dignidad que merecen cuando vistan a su gente y más aún, cuando son deportados por las autoridades americanas.

En particular prestamos y prestaremos especial atención a los niños, a las niñas mexicanas que son deportados sin sus padres.

Por eso yo quiero anunciar que he instruido al Instituto Nacional de Migración, para que ponga en marcha un programa al que hemos llamado Repatriación Humana, Repatriación Humana, garantizará un trato humanitario y digno al medio millón de mexicanos que cada año son deportados.

Se trata de una estrategia que va a privilegiar la coordinación de esfuerzos entre los tres órdenes de Gobierno y la sociedad civil organizada.

Este programa iniciará el próximo año a través de un proyecto piloto que arrancará aquí en Tijuana y se extenderá gradualmente a todas las ciudades fronterizas.

Con este esfuerzo nos aseguraremos que nuestros compatriotas reciban comida y cobijo cuando así lo requieran, que cuenten con atención médica en casos de emergencia, que puedan validar formalmente los conocimientos adquiridos mediante su experiencia laboral en Estados Unidos, que tengan acceso a ofertas de trabajo temporal y, desde luego, que puedan comunicarse con sus seres queridos.

Yo estoy seguro que Repatriación Humana tendrá el éxito que esperamos porque se funda en la experiencia de varios equipos de trabajo dedicados a la atención del migrante.

En especial me refiero a las Organizaciones No Gubernamentales hoy presentes y, desde luego, a los Grupos Beta que hoy nos acompañan.

Su labor ha sido clave, por ejemplo, para la buena operación del Programa Paisano, pero no sólo para este programa, ha sido clave para rescatar a la gente en el desierto, en la montaña, para evitar mayor número de muertes, para evitar también el trato abusivo, persecutorio contra ellos por parte de otras autoridades.

Es por eso que para mí, además, va a ser muy grato entregar, dentro de unos momentos, el reconocimiento muy merecido a destacados miembros de los Grupos Beta.

Amigas y amigos tijuanenses, amigas y amigos:

Yo reitero mi aprecio, mi reconocimiento, diría yo mi cariño a la gente de Tijuana y también a la gente que es repatriada, a todos los paisanos que visitan el país.

Válidamente puedo decirles a nombre de todos los mexicanos que los extrañamos mucho y que esperamos tener en el futuro una Patria que ya no expulse a ninguno de sus hijos por hambre, nosotros seguiremos trabajando intensamente para crear las condiciones que permitan a cada mexicana, a cada mexicano encontrar aquí, aquí en su tierra y con su gente las oportunidades de empleo digno y bien pagado que merecen.

Que permitan sumar su esfuerzo y su talento a la transformación de México, seguiremos luchando sin descanso para que lo que más cruce la frontera sea la inversión y el turismo a nuestro país y no a nuestros trabajadores hacia los Estados Unidos.

Para que la migración sea una elección personal y no la única opción de vida, para que en suma México sea una Nación fuerte, competitiva, ganadora, a la altura de nuestras aspiraciones y de la dignidad de los mexicanos.

Enhorabuena para todos, muchas gracias.

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