martes , 19 noviembre 2019
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No todo lo que brilla es oro

RUBÉN IGNACIO MOREIRA. EL HERALDO DE MÉXICO.

El mundo vive una dramática paradoja: como nunca en la historia hay un aumento en la producción de satisfactores y, sin embargo, una buena parte de estos dañan al ser humano o al medio ambiente.

Un kilo de papas fritas, de las que puede distinguir por una sonrisa, cuesta 311 pesos (22 bolsas de 45g), cantidad de dinero suficiente para comprar 10 kilos de papa natural.

El productor original vende su papa en 10 pesos el kilo, transformarla en un producto dañino y gracias a la publicidad engañosa, le da al empresario de la comida chatarra, una diferencia aproximada al 3 mil por ciento en su venta en supermercado o tienda de conveniencia.

La operación que le describo se puede realizar por cualquiera de nosotros, a las papas u otro producto natural, los datos se encuentran en la red. La actual economía de mercado exprime a los productores, elimina los antiguos canales de distribución (las tiendas de barrio) y destruye el medio ambiente.

Lo anterior, sin contar el mayor de los daños: los productos procesados tienen altos contenidos en sustancias que dañan la salud y son el origen de una epidemia de diabetes, hipertensión, cáncer y problemas cardiovasculares.

Las generaciones de mexicanos nacidas en los años 60 y 70, por ejemplo, fueron bombardeadas por la entonces naciente televisión con millones de anuncios que impulsaban el consumo de refrescos y pastelillos cargados de azúcar; el resultado: los entonces niños, hoy, en su vida adulta, y en más casos de los que deberían presentarse, son víctimas de obesidad.

El mundo vive una dramática paradoja: como nunca en la historia hay un aumento en la producción de satisfactores y, sin embargo, una buena parte de estos dañan al ser humano o al medio ambiente. La perversidad se completa cuando los productos se ofrecen al consumidor ocultando sus efectos nocivos y se destruyen las economías locales.

A la industria no le gusta decir que hoy tenemos hospitales llenos de pacientes con enfermedades que se adquirieron ante el impulso del marketing y el consumismo. Tampoco se quiere decir que hay más comida sana que personas que alimentar y que se prefiere tirar los productos que disminuir su precio.

Esther Vivas, autora de El negocio de la comida, nos dice: Las causas del hambre, ya sea en los países del sur o aquí en el norte, es resultado de la mercantilización que se ha hecho de la comida y los alimentos, que han dejado de ser un bien común para convertirse en una mercancía y en un negocio en manos de unas pocas empresas, de modo que si no tienes los recursos económicos necesarios para comprar comida, esta acaba antes en la basura que en el estómago de las personas.

No aplaudir muchas iniciativas que han tenido éxito, eliminación de popotes o bolsas de plástico, sería mezquino. Pero tenemos que aceptar que son insuficientes y que vamos, como humanidad, al colapso.

Distraídos en la coyuntura, pasamos por alto la enorme destrucción social, económica y ambiental de los grandes corporativos. La producción y distribución de alimentos son un ejemplo de lo anterior.

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