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Pasos sin huaraches hacia el desarrollo sustentable

ROGELIO GARZA. MILENIO DIARIO. San Felipe del Progreso, Estado de México. Es mediodía y un convoy de cuatro camionetas con vidrios polarizados se aproxima por la carretera. De pronto, la comitiva se desvía y toma un camino de tierra. Por los rumbos de Atracomucho —que en alguna lengua perdida quizá significa “lugar de corrupción”— se encuentra La Soledad, donde habitan 35 familias que observan el arribo de las camionetas por la brecha. Los niños son los primeros en acercarse, ante ellos aparece una cantante de pop rock llena de gracia y los comunicadores que llegaron para conocer este proyecto, agencias de noticias, canales de televisión, diarios y revistas.

Se calcula que en el territorio mexiquense sobreviven 340 mil indígenas pertenecientes a cinco grupos: Matlazinca, Mazahua, Nahua, Otomí y Tlahuica. Los problemas que los aquejan y los amenazan son los que hemos aprendido en la escuela y en los libros de texto: discriminación, pobreza, marginación, carencia de trabajo, salud y educación, pérdida gradual de la cultura, tradiciones y lenguas… la extinción próxima como destino final. De acuerdo con el Consejo Estatal para el Desarrollo Integral de los Pueblos Indígenas del Estado de México (CEDIPIEM), el grupo mazahua es el más grande, consta de 95 mil 411 personas hundidas en el atraso a lo largo de 13 municipios.

Huaraches para qué los quiero si tengo tenis pa’ volar

Converse y el Grupo para Promover la Educación y el Desarrollo Sustentable (GRUPEDSAC) enarbolaron los ideales y la obra de la pintora más revolucionaria que el bigote de mi general Villa, y eligieron La Soledad para poner en práctica Pjoxte (ayuda mutua), un modelo de organización, trabajo y capacitación para el desarrollo de la comunidad. GRUPEDSAC y Pjoxte dependen del programa Las huellas de Frida, que a paso veloz provee de fondos para financiar las obras y la capacitación de las familias.

Como se anotó aquí en marzo (Los tenis del siglo, cien años de Conversos), la marca lanzó al mercado tres diseños decorados con la imagen y la gráfica de la pintora, convirtiendo los tenis más populares del mundo en un capricho frívolo, enmarcado en la moda de la fridomanía. Días después, un portavoz de la marca contactó a este redactor y lo puso al tanto del programa para el desarrollo indígena. En seguida me extendió la invitación para ir al lugar y constatarlo con estos ojos que desconfían de dichas movidas, acostumbrados ya a las empresas que tratan de lavarse y maquillarse con “responsabilidad social” mientras se hacen “publicidad corporativa” y salvan impuestos. Pero como diría el maestro Juan Tse Tung: no todos somos totalmente santos, no todos somos totalmente Palacio. Y fui, libre de prejuicios, llevado por la pura curiosidad a una de esas camionetas.

¡Aguas, aquí viene la prensa!

Tac tac tac… la historia comienza con el líquido vital, la captación de agua de lluvia. En La Soledad se han construido cisternas especialmente diseñadas para almacenar el líquido con tres fines: el consumo humano, el del ganado y el de los cultivos. Los invernaderos cuentan con un sistema de riego por goteo que permite el cultivo para el autoconsumo y la comercialización de alimentos procesados. Las instalaciones del centro comunitario disponen de una red de tuberías y canaletas para transportar, distribuir y reciclar el agua; sanitarios ecológicos y una cocina donde se producen mermeladas, salsas, conservas, dulces y cremas.

La meta de La Soledad es alcanzar el equilibrio económico, social y ambiental en una década. Según GRUPEDSAC, se requieren 15 años para lograr un nivel de desarrollo sustentable óptimo, en este lugar van para el segundo con avances notables. La comunidad comienza a ser autosuficiente en la producción de alimentos y puede comercializar sus productos a un precio justo. Los jóvenes y adultos han dejado de emigrar a Estados Unidos, ahora se ocupan aquí, al lado de sus familias. Lo que se dice un modelo de organización con final dulce y feliz, pues las mermeladas de ciruela y de mango son verdaderamente deliciosas.

Embajadora de la buena onda

En esta comunidad se vislumbra un futuro prometedor, si los Converse de Frida se venden por cientos de miles. El de GRUPEDSAC y Pjoxte no deja de ser un trabajo duro y carente del glamur necesario para seducir y despertar el interés de un gran público que se moche con una lana. En parte por eso las estrellas musicales como Ricky Martin, Shakira y Maná se vuelven fundadores y portavoces de organizaciones humanitarias y ecológicas. Sólo así se logra llamar la atención sobre estos temas. Pues a este proyecto no le faltó el rostro alegre y simpático de una rockera. Para darle el toque mágico de la mercadotecnia y la sensualidad estuvo Ely Guerra, la embajadora buena ondita que olvidó la guitarra pero cumplió muy bien con su papel, gustosa de ser rodeada por un enjambre de fotógrafos que la captaban con los tenis de Frida. Y entre los mazahuas se encontraba esta mujer de la comunidad con sus Converse. Podía apreciarse con claridad el sincretismo cultural que Burroughs describió como un rasgo de México.

Luego de asistir a la demostración de extracción del agua, de conocer la impecable cocina y visitar la tienda, se procedió a colocar las huellas simbólicas de unos Converse en las cisternas. En seguida, los habitantes ofrecieron una comida deliciosa bajo una carpa que nos cubría de la lluvia con su olor a tierra mojada. Así, mientras disfrutábamos el arroz, los frijoles, el conejo, los xoconostles y un café de olla tonificante, el sistema recolector de agua cumplía su función y ponía a prueba su eficacia. Sucedió como si lo tuvieran planeado, coordinados con la naturaleza.

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Pasos sin huaraches hacia el desarrollo sustentable

ROGELIO GARZA. MILENIO DIARIO. San Felipe del Progreso, Estado de México. Es mediodía y un convoy de cuatro camionetas con vidrios polarizados se aproxima por la carretera. De pronto, la comitiva se desvía y toma un camino de tierra. Por los rumbos de Atracomucho —que en alguna lengua perdida quizá significa “lugar de corrupción”— se encuentra La Soledad, donde habitan 35 familias que observan el arribo de las camionetas por la brecha. Los niños son los primeros en acercarse, ante ellos aparece una cantante de pop rock llena de gracia y los comunicadores que llegaron para conocer este proyecto, agencias de noticias, canales de televisión, diarios y revistas.

Se calcula que en el territorio mexiquense sobreviven 340 mil indígenas pertenecientes a cinco grupos: Matlazinca, Mazahua, Nahua, Otomí y Tlahuica. Los problemas que los aquejan y los amenazan son los que hemos aprendido en la escuela y en los libros de texto: discriminación, pobreza, marginación, carencia de trabajo, salud y educación, pérdida gradual de la cultura, tradiciones y lenguas… la extinción próxima como destino final. De acuerdo con el Consejo Estatal para el Desarrollo Integral de los Pueblos Indígenas del Estado de México (CEDIPIEM), el grupo mazahua es el más grande, consta de 95 mil 411 personas hundidas en el atraso a lo largo de 13 municipios.

Huaraches para qué los quiero si tengo tenis pa’ volar

Converse y el Grupo para Promover la Educación y el Desarrollo Sustentable (GRUPEDSAC) enarbolaron los ideales y la obra de la pintora más revolucionaria que el bigote de mi general Villa, y eligieron La Soledad para poner en práctica Pjoxte (ayuda mutua), un modelo de organización, trabajo y capacitación para el desarrollo de la comunidad. GRUPEDSAC y Pjoxte dependen del programa Las huellas de Frida, que a paso veloz provee de fondos para financiar las obras y la capacitación de las familias.

Como se anotó aquí en marzo (Los tenis del siglo, cien años de Conversos), la marca lanzó al mercado tres diseños decorados con la imagen y la gráfica de la pintora, convirtiendo los tenis más populares del mundo en un capricho frívolo, enmarcado en la moda de la fridomanía. Días después, un portavoz de la marca contactó a este redactor y lo puso al tanto del programa para el desarrollo indígena. En seguida me extendió la invitación para ir al lugar y constatarlo con estos ojos que desconfían de dichas movidas, acostumbrados ya a las empresas que tratan de lavarse y maquillarse con “responsabilidad social” mientras se hacen “publicidad corporativa” y salvan impuestos. Pero como diría el maestro Juan Tse Tung: no todos somos totalmente santos, no todos somos totalmente Palacio. Y fui, libre de prejuicios, llevado por la pura curiosidad a una de esas camionetas.

¡Aguas, aquí viene la prensa!

Tac tac tac… la historia comienza con el líquido vital, la captación de agua de lluvia. En La Soledad se han construido cisternas especialmente diseñadas para almacenar el líquido con tres fines: el consumo humano, el del ganado y el de los cultivos. Los invernaderos cuentan con un sistema de riego por goteo que permite el cultivo para el autoconsumo y la comercialización de alimentos procesados. Las instalaciones del centro comunitario disponen de una red de tuberías y canaletas para transportar, distribuir y reciclar el agua; sanitarios ecológicos y una cocina donde se producen mermeladas, salsas, conservas, dulces y cremas.

La meta de La Soledad es alcanzar el equilibrio económico, social y ambiental en una década. Según GRUPEDSAC, se requieren 15 años para lograr un nivel de desarrollo sustentable óptimo, en este lugar van para el segundo con avances notables. La comunidad comienza a ser autosuficiente en la producción de alimentos y puede comercializar sus productos a un precio justo. Los jóvenes y adultos han dejado de emigrar a Estados Unidos, ahora se ocupan aquí, al lado de sus familias. Lo que se dice un modelo de organización con final dulce y feliz, pues las mermeladas de ciruela y de mango son verdaderamente deliciosas.

Embajadora de la buena onda

En esta comunidad se vislumbra un futuro prometedor, si los Converse de Frida se venden por cientos de miles. El de GRUPEDSAC y Pjoxte no deja de ser un trabajo duro y carente del glamur necesario para seducir y despertar el interés de un gran público que se moche con una lana. En parte por eso las estrellas musicales como Ricky Martin, Shakira y Maná se vuelven fundadores y portavoces de organizaciones humanitarias y ecológicas. Sólo así se logra llamar la atención sobre estos temas. Pues a este proyecto no le faltó el rostro alegre y simpático de una rockera. Para darle el toque mágico de la mercadotecnia y la sensualidad estuvo Ely Guerra, la embajadora buena ondita que olvidó la guitarra pero cumplió muy bien con su papel, gustosa de ser rodeada por un enjambre de fotógrafos que la captaban con los tenis de Frida. Y entre los mazahuas se encontraba esta mujer de la comunidad con sus Converse. Podía apreciarse con claridad el sincretismo cultural que Burroughs describió como un rasgo de México.

Luego de asistir a la demostración de extracción del agua, de conocer la impecable cocina y visitar la tienda, se procedió a colocar las huellas simbólicas de unos Converse en las cisternas. En seguida, los habitantes ofrecieron una comida deliciosa bajo una carpa que nos cubría de la lluvia con su olor a tierra mojada. Así, mientras disfrutábamos el arroz, los frijoles, el conejo, los xoconostles y un café de olla tonificante, el sistema recolector de agua cumplía su función y ponía a prueba su eficacia. Sucedió como si lo tuvieran planeado, coordinados con la naturaleza.

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