Las relaciones entre quien cocina y quien consume la comida son más complejas de lo que imaginamos. Todos somos comensales, y por lo tanto, en algún momento comemos la comida que preparamos nosotros mismos o que preparó alguien más. Imaginar el entramado complejo y las relaciones sociales y de trabajo por las que tuvo que pasar ese alimento. Este entramado se mueve por las relaciones humanas que se establecen. Por ejemplo, la naturaleza de la relación entre quienes preparan un alimento y quienes lo consumen.

Imaginemos una situación hipotética, que fue el objeto de controversia en una red social de Internet: un hombre soltero de 31 años viviendo solo en un departamento en Estados Unidos cuenta que está harto de comprar comida preparada y no estar dispuesto a cocinar, puesto que no piensa dedicar su tiempo a aprender a hacerlo. Al otro lado de su pasillo, vive una vecina con la que sólo ha intercambiado saludos, pero por los olores que despide diariamente su departamento, puede notar que la vecina cocina todas las noches y que aparte, lo hace muy bien. El hombre le propone hacer un poco más para él a cambio de una paga. La vecina le dice que no es posible, porque no tiene tiempo para cocinar para él. El hombre ofrece el doble y la vecina se ofende, y le dice que si requiere ayuda doméstica, contrate a una persona que se dedique a ello.

Las respuestas en el foro de Internet no se hicieron esperar, y la mayoría de personas en el foro opinaba que el hombre había carecido de total tacto. ¿Por qué esta situación parece fuera de lugar, cuando en realidad la vecina que cocinaba diario podría haber preparado un poco más a cambio de dinero? Éste es un gran ejemplo para explicar la intrincada trama de las relaciones sociales que se tejen alrededor de la comida: desde la distribución del trabajo doméstico, hasta la comida como un producto económico, pasando por el nivel de confianza y relación que tiene que entablarse para que alguien prepare la comida de otra persona en contextos determinados.

Si la comida hubiera sido comprada en un establecimiento con procesos culinarios estandarizados, en la mayoría de los casos, da igual quién está meneando la cazuela. Lo mismo sucede cuando las personas que preparan la comida con fines comerciales, no saben con certeza quién será el consumidor final de lo que prepararon.

Cabe señalar también que varios usuarios de la red se sintieron ofendidos porque quien posteaba la situación, asumía de manera automática que una mujer era la indicada para resolver su situación de escasez de comida casera. Además del trabajo culinario efectivo que se establece en la preparación, existe todo un trabajo tácito de planeación de lo que se va a comer y de gestión de los recursos. En el ámbito doméstico, la gestión de estas tareas, generalmente, es pasada por alto como parte de la carga del trabajo doméstico.

Es muy probable que, en otro contexto, la mujer no se haya sentido ofendida por el ofrecimiento de su vecino. En países en vías de desarrollo, el autoempleo informal de las mujeres incluye la preparación de comida. De esta manera, el conocer por quién suenan las cazuelas nos revela parte de las relaciones sociales alrededor del acto alimentario y de las vicisitudes del comer hoy en día.

Twitter: @Lillie_ML