domingo , 20 septiembre 2020
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Precaución, abejas trabajando

LORENA RIVERA. EXCÉLSIOR.

Que el 75% de la agricultura de todo el planeta dependa exclusivamente de las abejas, porque son polinizadoras, y sean fundamentales para conservar la biodiversidad debe ser suficiente para preocuparnos al saberlas en peligro de extinción y ocuparnos para protegerlas, de lo contrario, una gran variedad de cultivos, plantas y flores, serán escasos, con el riesgo de desaparecer, y ello pondría en peligro la seguridad alimentaria global.

De las más de 20 mil especies de abejas que hay en el mundo, sólo siete son melíferas, es decir, productoras de miel, principalmente, además de jalea real, propóleos, cera y polen.

En México hay mil 805 especies, de acuerdo con Conabio, y junto con las mariposas y los murciélagos “se encargan de polinizar cerca del 35% de los cultivos que nos proveen alimento”.

Sí, las abejas son vida, aunque la suya es corta —sobre todo la de las obreras, que es, si acaso, de 45 días—, mientras que los zánganos viven tres meses y la abeja reina, la madre de toda la colonia, puede cumplir seis años, pero va reduciendo su capacidad reproductora conforme pasan los años.

Como vamos viendo, el trabajo de las abejas, tan pequeñas y muy organizadas, es enorme.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) indica que las abejas melíferas occidentales producen 1.6 millones de toneladas de miel al año.

En el caso de México, la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, a principios de este año, informó que la producción de miel en 2019 fue de 61.9 mil toneladas.

Por todo lo anterior, el año pasado las abejas fueron declaradas los seres vivos más importantes del planeta por el Earthwatch Institute en una reunión de la Royal Geographical Society de Londres.

Pero, desgraciadamente, el ser humano sigue siendo el enemigo número uno.

A principios de la década de los años sesenta, la bióloga marina y zoóloga estadunidense Rachel Carson publicó Silent Spring (Primavera silenciosa), obra que no sólo dio origen al movimiento ecologista, sino también con ésta emprendió la más fuerte de todas sus batallas contra los abusos de la industria de los insecticidas y herbicidas, pues no sólo estaban enfermando a las personas, también mataban a pequeñas especies como conejos, gatos, perros, zorros, pájaros y, por supuesto, insectos, como abejas y mariposas.

A casi 58 años de la publicación de Primavera silenciosa las cosas no han cambiado, al contrario, han empeorado porque, además de usar venenos para la agricultura, ya sea para atacar hongos, gusanos y otras plagas, está la deforestación de grandes extensiones de bosques y selvas para dar paso a cultivos, algunos para seguir alimentando a los miles de millones de personas y muchos otros para producir alimento para el ganado y otros usos industriales.

Y no sólo hay que voltear a ver lo que sucede en la Amazonia, donde millones de hectáreas de árboles han sido devastadas, tanto por incendios de origen natural como los provocados para dar paso a la siembra de soya.

En México también padecemos de ese mal. El sureste mexicano, rico en biodiversidad, sufre la devastación en manos de algunos cuantos intereses generados por el cultivo de la soya.

La deforestación y la expansión de cultivos de soya genera altas emisiones de CO2, gas contaminante que alimenta el calentamiento global.

Eso y otras actividades humanas, por supuesto, están matando a las abejas del mundo.

El año pasado salió a la luz el documental ¿Qué les pasó a las abejas?, de Adriana Otero y Robin Canul, el cual deja ver la problemática que vive la comunidad de Hopelchén, Campeche, conformada por familias apicultoras, una herencia ancestral.

De más de 10 años a la fecha los apicultores mayas han visto disminuir la producción de miel porque cada vez hay menos abejas, pues algunas empresas y la comunidad menonita están sembrando soya.

Para eso han destruido grandes hectáreas de la Selva Maya, matando otras especies animales, como el jaguar o Balam, en la mitología maya.

No sólo eso, emplean glifosato, un potente herbicida para eliminar la plaga con un gran impacto en las abejas.

Este documental deja ver no sólo la lucha por los derechos de los pueblos mayas, sino también el cariño y profundo respeto de los apicultores por la Melipona beecheii, la sagrada abeja maya, porque la apicultura es el sustento económico de las familias y, lo más importante, ha permitido la conservación de los bosques y plantas medicinales.

El 20 de mayo se conmemora el Día Mundial de las Abejas y, para hacer conciencia de lo que sucede en el sureste mexicano, el festival Ambulante en Casa proyectará el documental.

Formemos parte de la colmena y protejamos a las abejas, sin ellas, la vida será difícil.

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