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viernes , 27 noviembre 2020
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Productores de amapola en Guerrero piden alternativas

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SERGIO OCAMPO ARISTA, CORRESPONSAL. LA JORNADA.

El ex delegado del gobierno federal ni siquiera visitó la sierra, acusan

San Miguel Totolapan, Gro., ¡No más amapola, sí proyectos productivos!, fue la exigencia que hicieron al presidente Andrés Manuel López Obrador niños, mujeres, jóvenes y ancianos reunidos en asamblea en la comunidad de La Mozimba (o Campamento Abandonado), municipio de San Miguel Totolapan, en lo más alto de la Sierra Madre del Sur, en la región de la Tierra Caliente de Guerrero.

En ese poblado, ubicado a unos 400 kilómetros de Chilpancingo, campesinos amapoleros de 19 localidades de los municipios de San Miguel Totolapan y Ajuchitlán del Progreso, Tecpan y Atoyac de Álvarez agrupados en la organización Observatorio por la Paz y el Desarrollo de la Sierra de Guerrero (OPDS) demandaron ser incluidos en el padrón del programa federal Sembrando Vida, para dejar de cultivar amapola, base para la producción de heroína.

La OPDS responsabilizó a Pablo Amílcar Sandoval Ballesteros, quien fue delegado federal en el estado hasta el primero de octubre, de haber dejado fuera de Sembrando Vida a cientos de poblados de la sierra con el argumento de que no habían pacificado la zona, lo que incluía dejar de sembrar amapola. Lo cierto es que Amílcar nunca visitó una sola comunidad del Filo Mayor. No conoce la sierra, acusaron

Durante la reunión, unos 300 campesinos amapoleros pidieron apoyo a nuestro Presidente, que se ve que tiene muchas ganas de trabajar. Dicen que los de la sierra somos gente mala, pero no: nosotros cuidamos los bosques; desde aquí mandamos agua a la Costa Grande y a la Tierra Caliente. El día que se quemen los bosques de esos cerros que se ven allá (señaló las montañas a su alrededor), ese día se les va a acabar el agua, sentenció el labriego Norberto Verónica Jesús.

Ya es hora de que el gobierno voltee a ver la sierra de Guerrero, que nos apoye, porque todo lo hemos hecho gracias a nuestro esfuerzo y a nuestro bolsillo; hemos defendido estos bosques sin ningún apoyo del gobierno. La gente de la sierra no es violenta. Aquí no estamos en conflicto. Preguntó a la asamblea: ¿Estamos en pacificación?, y a coro respondieron: . Pese a ello nos discriminan cuando bajamos (a alguna ciudad) a la Costa Grande o la Tierra Caliente.

Los oradores demandaron caminos, clínicas y escuelas para sus comunidades. El comisario municipal de La Mozimba, Luis Rey Verónica, pidió maestros y escuelas. “Muchos se han quedado en el camino; sólo en este pueblo 20 muchachos ya no pudieron estudiar porque no hay secundaria ni bachillerato; hay casas gestoras en Chilpancingo, pero no tienen dinero para irse a estudiar.

Vienen gobernantes y hacen promesas, pero no hemos visto avances; se han olvidado de nosotros. La sierra está muy necesitada, y no precisamente porque seamos amapoleros, somos gente honrada y trabajadora. Los gobernantes llegan al poder y después se olvidan. Queremos que el presidente López Obrador nos ayude.

Una anciana intervino: Quedé sola y he sufrido bastante, ya no puedo trabajar. Una hija está sola y tiene una niña que estudia. Cuando le piden la cooperación (cuotas) no tiene de dónde. Le va a pedir a otra hermana que se la lleve adonde está para que siga estudiando. A mí ya me quitaron todo el recurso que me daban (de programas asistenciales).

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▲ Campesinos de 19 comunidades de Filo Mayor, en la Sierra Madre del Sur, pidieron al presidente Andrés Manuel López Obrador, en una asamblea que se realizó en el municipio de San Miguel Totolapan, Guerrero, que los incluyan en el programa Sembrando Vida para que su única alternativa de ingresos, cada vez menores, deje de ser el cultivo de amapola.Foto Sergio Ocampo Arista

El niño Juan José Ortiz Estrada, dio lectura a una petición que hizo en nombre de los menores: Queremos que se instale Internet en las primarias de la sierra para darle seguimiento a nuestros estudios, que no queremos dejar. Debido a la pandemia nuestras clases son en línea, y sinceramente no tenemos recursos para fichas de Internet (cuestan 25 pesos cada una).

El comisario José Rojas Bernardino, del poblado de Cuatro Cruces, municipio de Ajuchitlán del Progreso, subrayó: Ya no queremos seguir sembrando amapola, porque el precio está devaluado (6 mil pesos por kilo de goma de opio). Le estamos apostando a la siembra de aguacate y también queremos proyectos de panadería para las mujeres de la sierra.

Fentanilo: catástrofe sanitaria y económica

El aumento del consumo de fentanilo en Estados Unidos ha traído como consecuencia una catástrofe económica en las zonas rurales de México, a la cual se ha denominado la crisis mexicana del opio, ya que el precio de la goma que se extrae de la amapola disminuyó en más de 50 por ciento de 2017 a 2018, de acuerdo con el estudio No más opio para las masas, elaborado por el grupo Noria Research, en asociación con el Instituto de México del Centro Wilson.

Bernardino reconoció que hay jóvenes que por falta de dinero se unen a la delincuencia. Por eso hacen falta proyectos, para ellos, que han perdido sus estudios por falta de Internet, y para nuestras mujeres, que sufren mucho aquí en la sierra.

El comisario Mario Urioso García, del poblado Los Laureles, municipio de San Miguel Totolapan, instó a la Federación a que apruebe su ingreso al programa Sembrando Vida, y recalcó: “Aquí no hay gente armada patrullando calles, y por eso queremos el Sembrando Vida, para la sustitución de la siembra de amapola.

Queremos que se construya una clínica regional para que atienda los pobladores de La Mozimba, Palos Altos, Casas Quemadas, Lomillas y, en general, las comunidades de esta parte de la sierra; queremos un médico de planta y una ambulancia, demandó.

De las 114 comunidades del municipio de San Miguel Totolapan (donde hay 13 mil 959 habitantes) que solicitaron ingresar al programa Sembrando Vida, apenas 43 ciudadanos de los poblados La Mozimba y Lomillas, resultaron beneficiados con dicho apoyo.

A la asamblea en La Mozimba llegaron comisarios y delegados de esta localidad y de Lomillos, Casas Quemadas, Palos Altos, Rancho Nuevo Jesús, Los Laureles, La Boda, Campamento de Vacas, La Conchita, El Durazno, La Galera y Ciénega de Puerto Alegre, pertenecientes al municipio de San Miguel Totolapan.

También acudieron representantes de los poblados de Chilacayote, Cuatro Cruces y Puerto La Sanguinaria, municipio de Ajuchitlán del Progreso. De Atoyac de Álvarez acudieron vecinos de El Paraíso, Pie de la Cuesta y Santo Domingo. Finalmente, del municipio de General Heliodoro Castillo llegó el representante del pueblo de Chilpancinguito.

Afirmaron que Sembrando Vida no opera en toda la sierra, sólo en 30 por ciento de los municipios de esa región, sobre todo en la parte baja de la Costa Grande, y la Tierra Caliente.

Subsistir del cultivo de narcóticos es una esclavitud

San Miguel Totolapan, Gro., En medio de disputas entre los grupos delincuenciales Los Granados, La Familia Michoacana y el de Chano Arreola por el control de territorios en el Filo Mayor de la Sierra Madre del Sur, en las regiones de la Costa Grande y la Tierra Caliente, los lugareños buscan alternativas para dejar de sembrar amapola.

A lo largo de los caminos de terracería del Filo Mayor se observan los plantíos; en uno de ellos, Félix, de 25 años, dijo en entrevista: “En la sierra el estudiante está marginado; no hay apoyo del gobierno. Yo no acabé mi preparatoria por falta de recursos. Desde hace cinco años soy amapolero, y tengo 22; tengo un hijo de dos años. Mi familia se dedica a sembrar amapola; ellos me enseñaron a sembrar y no nos quedó de otra.

Yo estudiaba en Atoyac. Me iba muy bien, pero había mucha delincuencia allá abajo y me dio miedo seguir estudiando. Quería ser contador. Si Dios quiere, le voy a echar muchas ganas para que mis hijos no pasen por lo mismo.

José Armando Álvarez , de 22 años de edad, consideró que en las ciudades hay mucha delincuencia, broncas y alcohol, pero creo que se puede cambiar; de aquí pueden salir buenas personas, como licenciados. En mi caso, quería estudiar para ingeniero civil, pero por falta de dinero ya no pude.

Félix Ortiz, de 58 años, abuelo del joven Félix, expuso que la amapola no nos dejó nada porque no sabemos leer; sólo nos dejó para sobrevivir. Aquí se casan jóvenes y también se dedican a la siembra y hay mucha violencia. Ahora esperamos apoyo. Yo voté por (López) Obrador. No somos delincuentes.

Norberto Verónica Juárez, de 55 años, 35 de ellos sembrando amapola, y padre de seis hijos, puntualizó: “El cultivo de los enervantes es de subsistencia. Estamos aislados, nos identifican como autores de la delincuencia, pero no nos queda de otra, pues las comunidades del Filo Mayor son las más marginadas.

“Nosotros cuidamos los bosques con los dedos, rasguñando cuando hay quemazones. Ya han muerto compañeros por andar apagando la lumbre. Al presidente López Obrador le pedimos que se fije en la sierra, donde están estos bosques que dan vida; que nos mande buenos proyectos para dar buen manejo a los bosques y evitar la tala e incendios, y dejar de sembrar amapola. Vivir de la amapola es una esclavitud, porque no tenemos para dónde darle.

Ya no queremos que venga el helicóptero a fumigar. Friega las plantas, los árboles, y de paso contamina el agua; por eso estamos jodidos. Nadie siembra amapola por gusto. La gente está cansada; es un trabajo cansado, delicado, muy plagoso. Se le invierte mucho y se le saca poco.

Lo secundó Reynaldo Ortiz Bello: Ya no quiero sembrar; la culpa es del mismo gobierno, porque ha descuidado a los campesinos. Yo tengo 52 años. Hay tierras y aguas no sólo para cultivar amapola, pero el gobierno no se preocupa por la sierra. Hay desplazados, migrantes que dejaron nuestras tierras.

La sierra carece de caminos. Hay deslaves y barrancos. Traer comestibles de Tecpan, Atoyac o la Tierra Caliente es difícil. Un litro de gasolina cuesta 26 pesos aquí, y cuando se puede nos vamos a surtir cada dos meses.

El Observatorio por la Paz y el Desarrollo de la Sierra de Guerrero refirió que en 14 municipios se encuentran los mayores cultivos de amapola; el primero es Heliodoro Castillo, con 15 mil hectáreas, y el segundo, San Miguel Totolapan, con 10 mil hectáreas, de un total de más de 50 mil ocupadas en este cultivo.

Es factible una revuelta social en la sierra porque hay desabasto de alimentos. La gente no tiene dinero, es malo el servicio de electricidad, hay hartazgo y persiste la violencia, concluyó.

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