sábado , 26 septiembre 2020
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¿Qué culpa tiene el café?

DAVID E. LEÓN ROMERO. LA RAZÓN. JUSTA MEDIANÍA. LA RAZÓN.

Hoy viene a mi mente una plática que sostuve hace algunos años con un administrador de una preciosa finca cafetalera en la región del soconusco en Chiapas.

Frente a un paisaje espectacular, primordialmente verde y húmedo, el eje central de la conversación versó sobre la gran diferencia que existe entre el precio de una taza de café en una cafetería de una gran ciudad y el precio que al productor se le paga por el grano, y las consecuencias de esta dinámica comercial. Ello desencadena una serie de hechos que obliga a los trabajadores de las fincas y a sus propietarios a dejar de producir café y orientar sus esfuerzos a otras actividades, entre ellas, el abandono de la tierra en búsqueda de bienestar.

El café es uno de los productos agrícolas más importantes del planeta. Genera cerca de 15 mil millones de dólares para los países exportadores. Existen 14 millones de empleos ligados al cultivo y la comercialización en países como Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia, República Dominicana, Jamaica y Brasil, además de México. Resulta extraordinariamente valioso e interesante que el 90 por ciento de su producción se encuentra en manos de pequeños productores.PUBLICIDAD

En 2019 registró los precios más bajos desde el año 2006. El caso del café arábica es revelador, con un precio de aproximadamente 35 pesos por kilo, su nivel más bajo desde finales del 2005. La caída en los precios hace que el cultivo no sea rentable, siendo más costoso el proceso de siembra y cosecha que el monto que se obtiene de su comercialización. Esta situación ha provocado el endeudamiento de los productores y el despido o no empleo de cientos de trabajadores que se ven obligados a migrar en búsqueda de una fuente de trabajo que permita subsistencia.

En el caso específico de Guatemala, Genier Hernández, integrante de una cooperativa de cafeticultores, dijo a un diario internacional, que el problema de la migración de su país es un problema del café. Hace algunos meses, la Organización Internacional de las Migraciones, levantó una encuesta entre los migrantes albergados en El Barretal, espacio dispuesto por los tres órdenes de gobierno en Tijuana, que reveló que el 72 por ciento de ellos eran hondureños y el 28 por ciento trabajaba en el sector agrícola antes de migrar.

El incremento en la producción en Arabia Saudita y Brasil, la fortaleza del dólar, la resistencia de la roya (hongo que ataca sus plantaciones), el cambio climático y las lluvias que no llegan precisamente cuando se les espera, entre algunos otros elementos, han provocado la caída de los precios.

Los productores de café y sus compañeros agricultores de la región, en muchos casos, han dejado de invertir tiempo en reflexionar y planear cómo levantar sus fincas y su producción de café, para destinarlo a definir la estrategia a seguir para cruzar México y entregarse a las autoridades estadounidenses en la búsqueda de asilo.

Por ello, la inversión en mecanismos de desarrollo, sobre sectores que cuentan con una base y capacidad instalada, como lo es el café, pueden ser acciones que permitan a nuestros hermanos centroamericanos permanecer en sus tierras.

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