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Reservas bioculturales y “ciencia revolucionaria” en Semarnat

BERNARDO BOLAÑOS. ANTROPOCENO. LA RAZÓN.

“Desincorporar no es un camino jurídicamente viable —le dijo— y en todo caso implicaría iniciar procesos de responsabilidad administrativa y penal para investigar y sancionar a los responsables”.

Apenas el martes pasado, Toledo insistió, argumentando que la conservación biocultural es un nuevo paradigma de “ciencia revolucionaria”, en el sentido de Thomas Kuhn, que reemplazará a la “ciencia normal”. No es muy modesto usar esos calificativos. Es el propio Toledo, con Eckart Boege, quien como científico ha criticado la política de las grandes áreas naturales protegidas. La nueva idea es, en breve, conservar la biodiversidad en pequeñas zonas a través de la agroecología.

Así, el político Toledo pretende respaldar al científico Toledo, pero sin la comunidad científica que lo acompañe con su asentimiento racional, ni el legislador que le dé las reformas legales pertinentes, ni la aprobación de las instancias internacionales ante las cuales México se ha comprometido. Las revoluciones científicas a las que alude Kuhn no tienen nada que ver con ese tipo de autovalidación forzada.

Acusando explícitamente a otro biólogo destacado, Antonio Lazcano, de practicar la “ciencia normal”, el secretario escribió el 13 de agosto: “en México, no obstante que su aparato científico y tecnológico aumentó notablemente en las últimas tres décadas, ni pobreza y desigualdad disminuyeron ni el deterioro ecológico del país descendió, todo lo contrario. ¿Para qué queremos un estilo de quehacer científico que no resuelve estas dos magnas crisis?”.

Verdades a medias. Aumenta la expectativa de vida. Las nuevas tecnologías mejoran la educación. Científicos previenen una pandemia de influenza gracias a sencillos pañuelos antivirales. Y, para entender la trascendencia de las grandes reservas naturales, hay que recordar el ejemplo que diera Julia Carabias: alrededor de Teotihuacan hay gente pobre, pero no desarmaríamos las pirámides para regalarles las piedras a los necesitados o construirles viviendas y aliviar así, temporalmente, parte de sus carencias. Tampoco podemos parcelar los últimos bosques húmedos tropicales.

Pero seamos constructivos. Alanís, del Cemda, no sólo lanzó una advertencia, sino que recordó que dentro de las reservas de la biosfera puede haber actividades humanas de bajo impacto ambiental. La “ciencia revolucionaria” de Toledo, en este caso, parece más bien desconocimiento del marco jurídico, aparte de egocentrismo.

También podría haber motivaciones políticas detrás de la propuesta. El secretario y las comunidades zapatistas ya no coinciden políticamente. Regularizar y dotar de derechos agrícolas a choles y tzeltales los jalaría del lado de la 4T. Afortunadamente, AMLO ha parado en seco la posible maniobra, asegurando que no se tocará ni una hectárea de la Selva Lacandona.

La solución, lo repiten muchos, es el diálogo intercultural e interdisciplinario dentro del marco de la ley y los convenios internacionales.

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