viernes , 20 septiembre 2019
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Ronda de Doha no está muerta: Lamy

Ivette Saldaña e Isabel Becerril, enviadas. El Financiero…

PUERTO VALLARTA, Jal., 22 de abril.- Las negociaciones para la liberalización comercial, en lo que se llama la Ronda de Doha, no están muertas, sino en un “impasse”, pero aún se mueven, aseguró el director general de la Organización Mundial del Comercio (OMC), Pascal Lamy.

En entrevista exclusiva con El FINANCIERO afirmó que ninguno de los 153 países miembros de la OMC ha dicho que quiere dar por terminada la ronda.

Sobre el proteccionismo mostrado por Argentina y Brasil -que llevó a México a renegociar el acuerdo automotriz-, consideró que es la excepción a la regla, ya que ese tipo de medidas no se observan con tanta frecuencia en el orbe y sólo afectan a 1 por ciento del comercio mundial.

Observó que esas economías están menos integradas a la cadena global de suministro, mientras que el mercado mexicano se beneficia más de ser un país abierto.

Una de las víctimas de la crisis es el comercio, dijo, porque a causa de la problemática económica se dio la reducción del ritmo de crecimiento del intercambio de bienes y servicios.

“El comercio no causó la crisis, pero sí es la solución a ésta”, apuntó Pascal Lamy, quien visitó México para participar en la reunión de Ministros de Comercio del G-20, que tuvo lugar aquí el jueves y viernes pasados.

Consideró que la OMC no debe entrar en un proceso de reestructuración, contrario a lo que viven otros organismos como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial.

En ese sentido afirmó que la OMC está en proceso de mejora permanente y tiene mecanismos que le brindan más legitimidad, como el consenso que da el mismo peso a los votos de todos los participantes; por ejemplo, el sufragio de Tonga vale igual que el de Estados Unidos.

Ni siquiera en el tema de la resolución de las disputas comerciales hay que hacer cambios, porque son litigadas más rápido que en cualquier otro sistema judicial, al tomar 18 meses, que es el tiempo más corto internacionalmente.

Descartó que la Ronda de Doha esté muerta, aunque aclaró que tomar decisiones para abrir más una economía es difícil porque el libre comercio trae consecuencias sobre la vida de las personas.

“No es un proceso pacífico, pero sí crea más eficiencia”, y por eso mientras los países emergentes deben caminar más hacia la apertura, los desarrollados tienen que hacer las reformas estructurales necesarias, disminuir subsidios y bajar aranceles en los sectores aún cerrados como textil-confección.

Citó como ejemplo que cuando se abrieron empresas maquiladoras en México los trabajadores estadounidenses no estaban felices porque pensaban que los mexicanos les estaban robando sus trabajos.

Y cuando algunas fábricas se mudaron a China, entonces fueron los obreros mexicanos quienes pensaron lo mismo de los chinos. Ahora sucede lo mismo en Asia, porque las plantas de China se están reubicando en Bangladesh y Pakistán.

Dijo que los países BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) están en un proceso de apertura comercial desde hace diez o 15 años, liberalización a la que darán continuidad.

Lo mismo tendrán que hacer los países desarrollados, que deberán realizar reformas estructurales para impulsar las eficiencias.

Lamy explicó que gran parte de la desaceleración del comercio mundial tiene que ver con los problemas económicos en Europa, con el déficit y los problemas de falta de ahorro que presentan los países desarrollados.

Por eso es muy importante la apertura comercial, porque si se aumenta la competencia sube también la productividad de las economías.

No obstante, admitió, mientras unas economías son felices por el libre comercio, otras son infelices.

Suministros

Sobre las medidas tomadas por Brasil y Argentina, como la renegociación del Acuerdo de Complementación Económica (ACE 55) o acuerdo automotriz con los brasileños, Lamy aceptó que esos dos países han tomado políticas proteccionistas.

“Han resistido menos que otros países”, pero son excepciones, porque muchas otras economías están conscientes de que todas son parte de la cadena de suministro global.

Esto significa que cada país aporta una parte o componente para fabricar un producto.

Por ello en los últimos 20 años las exportaciones de un país incrementaron el contenido de importaciones de 20 a 40 por ciento.

Manifestó que por primera vez en la reunión de Ministros de Comercio del G-20 se habló sobre la importancia de la cadena de suministro en el mundo, y se acabó con la idea de que las importaciones sean malas y las exportaciones buenas.

“El nombre del juego es cómo mi país puede insertarse en esta cadena de globalización y cómo maximizar el valor agregado a los productos.”

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