lunes , 16 septiembre 2019
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Salud, alimentos y etiquetado

MARCO A. MARES. RICOS Y PODEROSOS. EL ECONOMISTA.

México padece un par de epidemias correlacionadas que provocan innumerables muertes y enfermos, y un impresionante impacto económico creciente para las finanzas públicas: la obesidad y la diabetes.

En el origen de ambas, los alimentos industrializados son el principal sospechoso.

La industria alimentaria en México, a través de ConMéxico —que representa a la industria alimentaria—, que encabeza Jaime Zabludovsky, ha defendido a diestra y siniestra sus argumentos para deslindar responsabilidad y promover medidas de autorregulación.

Hoy se discute el tema del etiquetado en alimentos y bebidas.

ConMéxico asegura que debe mantenerse como está a la fecha porque es la más entendible.

Las autoridades de salud aseguran que el etiquetado en vigor no sirve y debe ser más claro para orientar a los consumidores.

En días pasados Zabludovsky defendió su posición durante una entrevista en radio, en el programa Fórmula Financiera.

Etiquetado: gda o advertencia

En reacción inmediata se puso en contacto conmigo Simón Barquera, director del Centro de Investigación en Nutrición y Salud del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP).

Desde hace 12 años ese centro investiga cómo mejorar la dieta de la población. De hecho, se opuso al etiquetado de la industria que se adoptó cuando Mikel Arriola estaba en Comisión Federal de Prevención de Riesgos Sanitarios (Cofepris).

Desde el punto de vista institucional del Centro de Investigación en Nutrición y Salud del INSP, lo que Mexico requiere, de acuerdo con sus estudios, es un etiquetado de advertencia, el único en el mundo —dicen— que ha demostrado reducir el consumo de los ingredientes críticos (azúcar, sal y grasa).

Los costos

Los productos industrializados que contienen ingredientes como azúcares, grasas o sodio añadidos en exceso, presumiblemente, son la causa del sobrepeso, la obesidad, diabetes y otras enfermedades crónicas no transmisibles asociadas al consumo de ingredientes críticos.

De acuerdo con datos de la Secretaría de Economía, cada año se pierde 2.2% del PIB, equivalente a 500,000 millones de pesos, por el impacto que tienen las enfermedades derivadas del consumo de alimentos industrializados con ingredientes críticos. El mismo centro de investigación asegura que el etiquetado conocido como Guías Diarias de Alimentación que defiende ConMéxico ha sido evaluado y no han demostrado su efectividad.

Incluso se puso en evaluación con estudiantes universitarios de nutrición y se encontró que tuvieron gran dificultad para interpretar los datos contenidos en la etiqueta.

La recomendación del INSP junto con organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud, a través de la Organización Panamericana de Salud y la Unicef, es utilizar un etiquetado interpretativo de octágonos frontales.

El etiquetado frontal de advertencia es parte de una serie de políticas costo-efectivas para prevenir y controlar el sobrepeso, la obesidad, diabetes y otras enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT) asociadas al consumo de ingredientes críticos. La implementación de este etiquetado —asegura la institución, a través del experto Barquera— representa una inversión que genera beneficios económicos para la salud y la población.

El tema sin duda es muy importante para la salud de los mexicanos, para las finanzas públicas y para los ingresos de las empresas.

Mañana le contaré con más detalle la posición gubernamental, que va en serio para abatir las epidemias de obesidad y diabetes.

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Perogrullo y la salud pública

Parece una verdad de Perogrullo: la obesidad y la diabetes son problemas de salud pública que se originan en lo que comemos.

Cuando alguien se refiere a la verdad de Perogrullo sirve para expresar que una cosa es tan sabida y conocida que resulta tonto decirla.PUBLICIDAD

Parece increíble, pero lo cierto es que aunque desde hace muchos años, si no todo el mundo, por lo menos en los círculos en los que se toman las decisiones, todos lo sabían: la comida industrializada es el origen de la obesidad y la diabetes.

Y lo más probable es que en México los intereses económicos y políticos se entremezclaron durante muchos años para evitar que se hiciera algo al respecto.

Todo indica que con el nuevo gobierno finalmente se tomará al toro por los cuernos sobre la verdad de perogrullo.

Somos lo que comemos

El subsecretario de Prevención y Promoción de Salud de la Secretaría de Salud, Hugo López Gatell, lo dice sin rodeos: La causa fundamental de la epidemia de obesidad y de diabetes está en la conducta alimentaria, lo que comemos.

Y refiere datos contundentes: más de tres cuartas partes de la población mexicana tiene sobrepeso u obesidad y la tercera parte de los jóvenes menores de 17 años tiene obesidad o sobrepeso.

Este problema de salud pública no puede resolverse con medidas individuales; tienen que hacerse cambios estructurales.

Pero esta conducta alimentaria no depende de los individuos, porque los individuos no tienen el acceso a comida saludable y en cambio tienen esta sobreoferta de comida no saludable: los productos industrializados, ultraprocesados, que son muy altos en contenido energético, en azúcar y muy bajos en valor nutricional.

Etiquetado de advertencia

El funcionario señala que México debe tomar las medidas estructurales que han sido probadas con mucho éxito en varios países del mundo.

Entre ellos, más recientemente en países de América Latina, como Chile, como Ecuador, y próximamente Uruguay.

Tales medidas están encaminadas a modificar los mercados alimentarios.

Y ya han demostrado ser muy costo-efectivas, que tienen que ver con la información que los consumidores deben tener al acceso para que sea transparente y clara y se les informe sobre el contenido de los alimentos.

En ese sentido son muy importantes los etiquetados de advertencia, que sin confusión indican los cuatro componentes de los productos industrializados de consumo que son más dañinos a la salud: sal, grasa, azúcar y calorías. Todas en exceso.

México debe seguir las recomendaciones documentadas en la ciencia, establecidas por la Organización Mundial de Salud y otros organismos internacionales de salud, que establecen cuáles son las cantidades máximas que se deben consumir por día.

Hoy estas recomendaciones están escondidas con un etiquetado que es confuso y es engañoso y no les permite a los consumidores tomar decisiones informadas en pro de su salud.

Entonces, una de las primeras medidas en la que se está enfocando la SSA es precisamente el etiquetado y los alimentos industrializados de bajo valor nutricional.

El etiquetado actual es desleal. Son de difícil visibilidad y quien les presta atención se topa con especificaciones inentendibles, puestas a capricho y confusas para el consumidor.

La SSA propugna por un etiquetado que dice sin confusión alguna cuando los alimentos son altos en contenido de azúcar, calorías y grasas.

López Gatell afirma que (la autorregulación de la industria alimentaria) es un engaño, es un distractor.

Después de cerca de siete años donde la propia industria a través de sus cámaras y asociaciones ha planteado que se regulará, lo que se observa es que los etiquetados han sido progresivamente más confusos y no ayudan.

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