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viernes , 30 julio 2021
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FOTO: Gabriela Biló. Notimex-Xinhua.

Sofocada por incendios y sequía, así llega la CDMX al Día de la Tierra

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ISRAEL ZAMARRÓN. FORBES MÉXICO.

Expertos advierten que de no cambiar la gestión ambiental y de los recursos naturales, en unos años las consecuencias podrían ser peores.

Sofocada por incendios, sequía y una contingencia ambiental, así llega la Ciudad de México al Día Mundial de la Tierra, que se conmemora este 22 de abril… y a la Cumbre de Líderes sobre el Clima, que organiza el Departamento de Estado de Estados Unidos y se celebra hoy de manera virtual.

Sin embargo, estas no son condiciones atípicas para la capital y su zona metropolitana, sino el resultado de décadas de una mala gestión del agua y de los recursos naturales, coinciden expertos.

En entrevista con Forbes México el doctor en Ciencias Atmosféricas e investigador del Instituto de Geografía de la UNAM, Víctor Magaña Rueda, comenta que la ciudad llega a cada primavera y Día Mundial de la Tierra con diversas angustias: sequía, falta de agua, incendios forestales, altos niveles de contaminación atmosférica.

“Siempre nos enseñaron que la primavera era un periodo de flores, luz, alegría. Llegamos a la primavera en México y empezamos con la preocupación de falta de agua, incendios forestales desproporcionados, niveles de contaminación exagerados, esa imagen idílica de la primavera nos choca cuando vemos la realidad, causada por una mala gestión ambiental”, señala.

La Ciudad de México y el país arden. El martes pasado la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum reportó que en lo que va del año 888 incendios forestales han consumido cuatro mil 100 hectáreas áreas verdes, incluyendo parte de la tercera sección del Bosque de Chapultepec, lo que para el doctor Magaña Rueda es “tristísimo porque demuestran que no tenemos ninguna conciencia de la importancia que tienen nuestros bosques”.

De acuerdo con un reporte de la Comisión Nacional Forestal (Conafor), del 1 de enero al 15 de abril de este año se presentaron tres mil 735 incendios forestales en 29 estados del país, que afectaron una superficie de 127 mil 110 hectáreas. El 85% de esos incendios se concentraron en solo 10 entidades, entre las que se ubica la Ciudad de México.

El doctor Magaña Rueda discrepa del comentario que hizo la mandataria capitalina el martes pasado, en el sentido de que la sequía que sufre el país abona a la crisis de incendios forestales.

Si bien el clima adverso es un factor, explica que ese enfoque busca “echarle la culpa a la naturaleza”, cuando en realidad se debe a la falta de prevención y de tomar decisiones más drásticas, como eliminar por completo las llamadas quemas agrícolas controladas, que en muchas ocasiones derivan en incendios de grandes proporciones.

“Las autoridades de inmediato recurren a la explicación de la sequía, a las altas temperaturas, como si la naturaleza fuera la que está poniendo la mesa para que se quemara todo. Yo creo que desde hace muchos años necesitamos un cambio en la legislación en materia de eliminar el fuego de la agricultura”, apunta en entrevista.

Además, critica que por lo menos desde enero se sabía que este año tendría un déficit de lluvias y altas temperaturas, y que además la temporada de estiaje genera vientos más fuertes, y pese a ello no se trabajó en una estrategia de prevención de incendios, como “remover materiales que son altamente combustibles, sobre todo en zonas que son de alta flamabilidad”.

Explica que las zonas de alta flamabilidad están conformadas de vegetación que bajo estrés hídrico se quema con mayor facilidad. El estrés hídrico se genera por el déficit de lluvias, baja humedad en la atmósfera y altas temperaturas, que en conjunto constituyen un riesgo de incendios forestales, pero, para que estos ocurra, remarca, debe haber una actividad humana generadora de fuego, como las quemas agrícolas o las fogatas de excursionistas.

Grandes males, grandes remedios

Para el experto, se debe pasar de una política reactiva (reaccionar cuando ya está el incendio) a una preventiva (prevenir al máximo la generación de incendios), de lo contrario, la Ciudad de México seguirá llegando a más días mundiales de la Tierra “en la misma situación en la que estamos desde hace mucho tiempo, en la que nuestros ecosistemas se están viendo afectados terriblemente y que llevamos décadas construyendo nuestra vulnerabilidad”.

“Se debe pasar a una gestión ambiental de conservar lo que queda, recuperar lo que se pueda y todo con un sentido de prevención, el clima va a seguir cambiando de un año a otro, pero no hemos aprendido las lecciones. En 2007 hubo inundaciones en Tabasco, en 2020 también hubo inundaciones en Tabasco. En 2011 hubo una gran cantidad de incendios forestales, en 2021 hay otra gran cantidad de incendios. Las explicaciones siguen siendo las mismas, eso nos dice que no hay gran avance en gestión ambiental”, comenta.

Y cierra: “si seguimos como vamos, con una inactividad preventiva, vamos a tener cada vez condiciones peores, hasta que ya no haya nada que quemar, ese es el peor escenario que podríamos estar visualizando, pero es posible cambiar este rumbo que tenemos, cómo se cambia, con nuevas estrategias de gestión ambiental. A grandes males, grandes remedios”.

Sequía de emergencia

La jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum ha dicho que la sequía que sufre la cuenca del Cutzamala, que abastece casi un tercio del agua que se consume en 12 alcaldías de la Ciudad de México, es una situación casi de emergencia. Y lo es. Las presas del Cutzamala están 23.1% por debajo de su nivel de almacenamiento histórico, lo que deviene en una de las peores sequías de los últimos 30 años.

“Al 15 de abril de 2021, condiciones de sequía de modera a extrema cubrieron el 99.6% de la superficie de la cuenca del río Cutzamala”, indicó un reporte de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), presentado en una sesión informativa del 20 de abril del Comité Nacional de Grandes Presas. El 8.5% de dicha superficie se ubicó en sequía extrema, 84.6% en severa y 6.5 en moderada.

Al respecto el doctor en Ciencias e investigador de la Escuela de Ingeniería y Ciencias del Tecnológico de Monterrey, José Antonio Benjamín Ordóñez Díaz, alerta en entrevista con Forbes México que dichas condiciones de sequía hacen que la Ciudad de México esté actualmente consumiendo el agua que las presas del Cutzamala captaron durante los últimos cinco, e incluso 10 años. Y que la situación no mejorara si no se mejora la gestión del agua.

“El año pasado tuvimos un año atípico, no se llegó al 40% del agua que debía llegar por lluvias, eso es muchísimo, entonces el agua que nosotros estamos consumiendo del sistema Cutzamala, que ocupamos para nuestro desarrollo, es agua que se estuvo acumulando a lo largo de unos cinco o seis años, por eso necesitamos generar una conciencia del agua”, señala. Y dicha conciencia pasa por la revegetación de la cuenca y el tratamiento del agua pluvial y residual.

“Curiosamente en este valle lacustre no estamos captando el agua de lluvia y no le estamos dando el tratamiento que debería tener esta agua de lluvia. Toda el agua se vierte a los desagües, después se va a Río Tula, después al Río Pánuco y toda el agua que debiera de estar tratada, cuidada, conservada en la Ciudad de México, la estamos vaciando al Golfo de México (…) Y toda esta agua que tiramos en nuestro baño, la cocina, el lavado de la ropa, en las empresas, no le damos el tratamiento como para regresarla de una manera apropiada al ecosistema”, lamenta el experto del Tecnológico de Monterrey.

En coincidencia con el doctor Magaña Rueda de que las condiciones climáticas seguirán variando y teniendo condiciones incluso más adversas, el doctor Ordóñez Díaz apunta que “mientras no entendamos cuál es la relación fina con esta molécula de la vida y empecemos a respetar, vamos a pagar una factura de salud que se va a acentuar muchísimo más. Donde nos empiece a faltar el agua, el colapso de la ciudad sería inminente”.

Y advierte: “nuestra forma de desarrollo no es nada humilde ni respetuosa para entender el flujo del ciclo del agua, de los nutrientes ni tampoco de la economía. Estamos en un gran riesgo, si este año no llueve igual, el agua que seguimos gastando y que se acumuló durante muchos años en las presas, no nos va a alcanzar”. Así la ciudad llega al Día Mundial de la Tierra, pagando facturas ambientales y sin tomar decisiones drásticas para revertir la situación.

 

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