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Sólo nos sacan para los pleitos

DIANA TERESA PÉREZ. EXCELSIOR. “Nosotros somos la última generación de productores de maíz… si yo meto a mis hijos al campo, el peso que ganamos lo vamos a tener que partir a la mitad porque ya casi no hay ganancias”, lamenta César Longoria, productor de Tamaulipas, quien desde hace 30 años ve con desesperación cómo se han reducido las oportunidades en el campo.

­El asunto es “complicado”. Afirma que el TLCAN los pone en una situación aún más difícil, pero el punto medular para él está en la total falta de organización del gobierno mexicano, porque, subraya, “no sabemos qué hace con los apoyos, de por sí pocos, porque no llegan a tiempo y, cuando llegan, ya los debemos con intereses”.

Por eso no duda cuando afirma: “tengo cuatro hijos y no quiero que ni se acerquen a la tierra”.

De hecho, hace dos años que éstos emigraron hacia Estados Unidos junto con su madre.

Ahí estudian, y en la frontera con Tamaulipas la señora Longoria puso un restaurante “por lo mismo, porque cuando yo era estudiante las ganancias eran de alrededor de 33% por tonelada y ahora son de 25%. Ya no nos alcanza”.

Es un porcentaje que además ni siquiera puede gastar en otros rubros, sino que, debido el retraso en la entrega de subsidios y falta de crédito, invierte de inmediato en la siguiente cosecha.

Otra forma de saber que las ganancias ya no son las mismas es al estilo tamaulipeco: “Una camioneta nueva me costaba 100 toneladas de maíz, ahora no compro una ni con 200 toneladas”.

César Longoria es hijo de agricultores que se dedican al cultivo del maíz desde hace más de 50 años. Él, su padre y dos hermanos cuentan con 150 hectáreas de riego, pero tenían al menos otras 20, que hace unos años tuvieron que vender, porque “ya no sale”.

Sus hermanos combinan la siembra con la venta de tacos para completar los gastos y “pues para allá vamos todos”, porque la tierra que antes daba de comer a cuatro familias, hoy no alcanza.

Pero no piensan emigrar, porque aseguran que a su edad las oportunidades son escasas.

Quizá si fuera más joven lo haría. Hoy, se conforma con “brincar” todos los días “al otro lado” para ver a su esposa e hijos. Luego regresa a su tierra.

“Estamos solos”, afirma.

Ni el gobierno los ayuda ni hay mano de obra joven que sí emigró para regar y cultivar la tierra. Sólo los miembros de la familia se turnan para cubrir toda el área, relata.

Longoria dice que el gobierno mexicano está confiado porque este año el precio del maíz será alto y, por lo tanto, los campesinos que compiten en el mercado tendrán buenas ganancias.

Sin embargo, él no es tan optimista. Si bien reconoce las ventajas del libre comercio, no descarta que en 2009 haya una sobreproducción de maíz de China o de Estados Unidos y “entonces sí los precios se van a la baja y ¿qué hacemos?”.

El riesgo es alto, agrega. Los ganaderos preferirán los granos de Estados Unidos porque serán mucho más baratos debido a que en ese país los productores tienen altos subsidios y “aquí no nos apoyan ni para la maquinaria, ni para el almacenaje, ni para fertilizantes”.

Ya desde ahora, afirma que los precios de las semillas se incrementaron 50%, al igual que los fertilizantes, y por más alto que esté el precio internacional del maíz (en este momento alrededor de dos mil 100 pesos la tonelada), no compensa la falta de apoyo.

Por eso se suma a lo dicho (“parecemos perros de pelea”) por el titular de la CNC, Cruz López.

“Nos hacen ir a México para andar de ventanilla en ventanilla; de las oficinas de Aserca (Apoyos y Servicios a la Comercialización Agropecuaria), a Financiera Rural y luego a Sagarpa, a pelearnos con todos y nadie nos ayuda… Nos guardan en las fiestas y nos sacan en los pleitos”, expresa.

A juicio del productor tamaulipeco, Aserca debería desaparecer, pues ¿Qué hacen con los apoyos?”.

Esa instancia de la Secretaría de Agricultura se encarga, entre otros asuntos, de “emparejar los precios del mercado” a través del Ingreso Objetivo.

Si el productor vende su cosecha y el precio del mercado no alcanza el mínimo fijado por el Ingreso Objetivo, el gobierno federal pone la diferencia para que el campesino no pierda.

Pero Longoria no está contento, “porque ese apoyo nunca llega; nos lo retrasan y no nos pagan el interés que se genera por eso… Eso sí, cuando pedimos un crédito y nos retrasamos en el pago a Financiera Rural, porque no nos llegaron los apoyos a tiempo, luego ya no nos quieren prestar porque estamos en cartera vencida”.

Más allá de la situación de vulnerabilidad ante la apertura comercial, insiste en que el gobierno federal debe poner orden al interior.

Un ejemplo “catastrófico” fue lo ocurrido apenas el año pasado, cuando Aserca nos inundó (aTamaulipas) de maíz de Sinaloa y nosotros nos quedamos con cinco mil toneladas de grano que está almacenado desde julio pasado”.

Longoria explica que la cosecha de Sinaloa salió antes que en el resto del país y como tienen sobreproducción la envían a otros estados, entre ellos Tamaulipas.

Al llegar el grano sinaloense, que además llevaba un subsidio de 500 pesos por tonelada, puso en “jaque” al maíz local.

Otro “premio a la ineficiencia” dice, es Procampo, porque pareciera que se estimula más a quien produce menos.

El apoyo actual de Procampo es de alrededor de mil pesos por hectárea, pero los productores no tienen el mismo rendimiento.

Longoria señala, por ejemplo, que “el campesino que siembra seis toneladas por hectárea recibe un apoyo de 166 pesos por tonelada cosechada, mientras el que sólo rinde dos toneladas, recibe 500 pesos. ¿Dónde está lo justo?”.

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