viernes , 20 septiembre 2019
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Tradición lechera: de Suiza al sur del mundo

MARIEL JARA. SWISSINFO.CH…

OSORNO, Chile. El gigante alimentario Nestlé escogió a Chile para construir su planta lechera más grande y moderna. Y, coincidentemente, en una ciudad con gran influencia suiza, en la que muchos helvéticos y descendientes se dedican a la producción láctea. ¿Una tradición que se exporta?

“Nos decidimos por este país porque reúne una serie de factores favorables: las condiciones geográficas, el clima, la tradición lechera de familias que se dedican por años al mismo negocio, el profesionalismo, la estabilidad económica y las capacidades existentes para implementar tecnología de punta”, aseguró Paul Bulcke, CEO mundial de Nestlé al momento de inaugurar esta fábrica en Osorno, 900 km. al sur de Santiago.

Casualmente o no, muchas de las familias a las que Bulcke se refiere son de origen suizo o alemán. Y es que Osorno, además de ser la principal región lechera de Chile, es una ciudad que desde hace más de un siglo acogió a numerosos emigrantes de estas dos naciones europeas. La gran mayoría se dedicó a la agricultura y específicamente a la producción láctea. Varios de ellos son proveedores de las grandes compañías de la zona, entre ellas, Nestlé.

Ideal para el negocio lechero

Walter Geser (oriundo de San Gallen) fue uno de los últimos helvéticos que arribó a la región en 1960, maravillado por sus paisajes y sus condiciones ideales para la vida agrícola. “Vine en barco desde Australia, luego tomé un tren al sur y cuando llegué a este lugar me encontré con árboles inmensos y frondosos, el ganado, hermoso, pastando el aire libre, el verdor del pasto, el aire tan limpio… Y me dije; aquí me quedo para siempre”.

Geser -que además es presidente del Club Suizo de Osorno desde hace 20 años- cuenta que la mayoría de los helvéticos inmigrantes trajo consigo la tradición agrícola y lechera. “Muchos de ellos le enseñaron a los chilenos, que de a poco se fueron especializando. Incluso algunos viajaron a Suiza. Yo siempre me dediqué al rubro lechero, desde niño ordeñaba las vacas. Así que, de alguna manera, creo que contribuí a exportar esta tradición”.

Pero al principio, cuenta, las cosas no fueron fáciles. “Empezamos con 20 vacas y producíamos tan poca leche que Nestlé no quería enviar el camión a nuestro campo. Teníamos que llevarla en carreta a la fábrica, a medias con mi vecino. Imagínese cómo eran esos tiempos”, recuerda, sonriente. Hoy, esas 20 vacas se han convertido en 1200.

Emilio Surber es nieto de suizos llegados a Chile a fines del siglo XIX. Su familia también tenía tradición agrícola y entró al negocio lechero en la época en que Nestlé arribó a la región (1945). Ve con buenos ojos la creación de esta fábrica y espera, eso sí, “que esto sea beneficioso tanto para la empresa como para los proveedores y la comunidad. Ellos (la compañía) tienen que preocuparse de cuidar a Osorno”.

Pedro Fischer es otro descendiente que ha mantenido la tradición lechera. “Para nosotros, como proveedores, esta nueva planta implica mayor poder comprador, lo que nos da seguridad a la hora de aumentar la producción”, señala.

Asimismo, destaca el uso de energías limpias por parte de la planta y descarta cualquier temor sobre la posibilidad que la mayor cuota de mercado que desde ahora tendrá Nestlé pueda generar un monopolio: “en la región existen otras tres grandes compañías lecheras, así que la única forma sería que se aliaran, lo cual me parece muy difícil. No están dadas las condiciones para que ello ocurra”.

Buenas prácticas comerciales

Michel Junod, gerente general de la Asociación de Productores de Leche de Osorno (Aproleche) -también de origen suizo- destaca como positiva la construcción de esta planta, pero prefiere ser cauto: “inversiones de este nivel siempre son bienvenidas. Es una señal de confianza y un reconocimiento al nivel tecnológico, a la buena calidad de la leche y a la inversión que hacen los productores para tener resultados de primera categoría”.

Pero al mismo tiempo señala: “si Nestlé desea que los proveedores locales aumenten su producción para responder a la gran demanda que tendrá la nueva planta (30 mil toneladas anuales), también debe dar incentivos a corto plazo. Porque si vamos a invertir en incrementar la producción y el número de ganado, obviamente esperamos que eso se refleje en mejores precios de compra. Estamos a la expectativa de que así suceda”.

En su opinión, cuando el procesamiento de la leche queda en pocas manos “siempre existe el riesgo de que eso conduzca a malas prácticas comerciales. Sin embargo, como asociación, no tenemos motivos para poner en duda las palabras de los ejecutivos de Nestlé, en cuanto a que seguirán promoviendo las buenas prácticas”.

“Esto nos hace confiar en que no se repetirán errores del pasado”, agrega, refiriéndose tácitamente a los intentos de la compañía suiza de aliarse con Soprole (en manos de la neozelandesa Fonterra) durante 2010. Un proyecto que finalmente fue abortado en abril de 2011 -según trascendidos- por la molestia expresada por parlamentarios y diversas asociaciones gremiales lecheras, que argumentaron que este ‘joint venture’ perjudicaría fuertemente la libre competencia.

Pese a desistir de la fusión, la Fiscalía Nacional Económica, FNE (organismo público) inició a fines de 2011 una investigación de oficio a ambas empresas, para determinar si existía una eventual coordinación de precios en la compra de leche a proveedores.

“La Fiscalía ha hecho investigaciones cada dos o tres años, pero nunca ha habido una razón para encontrar algo, porque el nivel de competencia es muy fuerte. Por lo tanto, no hay nada”, aseguró recientemente el presidente ejecutivo de Nestlé Chile, Fernando de Solar, a un medio local, dando por cerrado el tema.

Hasta ahora, la FNE no ha emitido ninguna declaración.

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