miércoles , 13 noviembre 2019
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Xochimilco rinde culto al maíz con una feria

En medio de la crisis alimentaria que afecta a nuestro país, Xochimilco celebró al maíz con una feria en la que agricultores de varios puntos de la demarcación ofrecieron los frutos de su trabajo.

Del 24 de mayo al 1 de junio los visitantes pudieron degustar de alimentos típicos preparados a base de esta mítica planta, además de contemplar una exposición fotográfica en honor a los primeros productores.

Sin embargo, al margen de estas festividades y a pesar de los altos precios del grano a nivel mundial, en esa zona al sur de la ciudad, un cuartillo del grano se comercializa en ocho y hasta 15 pesos, según su color.

“El rojo es el más caro porque ya muy pocos lo producen”, explica María Trinidad González, productora. El blanco es el más económico, le sigue el azul con un costo de 10 pesos.

Para ella estos precios son muy bajos. “Está pagado muy mal, muy bajo y nos cuesta pagar las yuntas y a quienes lo siembran”.

En su puesto se observan montañitas de pinole, harina para atole y de “burritos”, una golosina hecha con granos de maíz tostados cubiertos con piloncillo y que puede durar hasta seis meses. Un vaso grande de estos productos vale 15 pesos.

Cuando las cosechas son buenas, doña María produce al año entre 20 y 25 costales de este cereal. Posteriormente lo guarda, lo prepara y lo vende de poco en poco para mantenerse.

Junto al crepitar del fuego, varias generaciones de mujeres preparan tortillas verdes y rojas, las cuales son la “novedad” de la feria.

De acuerdo con Enedina Mesa, la razón de que luzcan así es por el xoconostle y el nopal con los que se revuelve la masa. Una docena de ellas se comercializa en 20 pesos.

Desde que tenía 24 años, la vida de Luisa Mendoza ha estado ligada al maíz. A sus 81 años y a pesar de la situación actual, aún piensa seguir con su negocio de antojitos mexicanos. “Nunca pensé dedicarme a otra cosa. Voy a seguir vendiendo hasta que Dios me deje”, dice.

Sobre los problemas que debe enfrentar para sostenerse, afirma, “a veces se vende y otras no, a veces el maíz no crece y entonces tenemos que comprarlo y molerlo. Pero aún así hago mis tlacoyos”.

Al calor del comal, y mientras sus hijas atienden a los clientes, rescata de su memoria los consejos de su suegra, “ella me decía: mira hija, tú no hagas otra cosa. Tenemos maíz, frijol, leña, con eso sale para tu gasto y para lo que vas a comer”.

Lejos de las cotizaciones en los grandes mercados financieros y de la incertidumbre por los precios del grano, para doña Luisa “el maíz es el que nos sostiene, es el que nos da fuerza para seguir”.

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Xochimilco rinde culto al maíz con una feria

En medio de la crisis alimentaria que afecta a nuestro país, Xochimilco celebró al maíz con una feria en la que agricultores de varios puntos de la demarcación ofrecieron los frutos de su trabajo.

Del 24 de mayo al 1 de junio los visitantes pudieron degustar de alimentos típicos preparados a base de esta mítica planta, además de contemplar una exposición fotográfica en honor a los primeros productores.

Sin embargo, al margen de estas festividades y a pesar de los altos precios del grano a nivel mundial, en esa zona al sur de la ciudad, un cuartillo del grano se comercializa en ocho y hasta 15 pesos, según su color.

“El rojo es el más caro porque ya muy pocos lo producen”, explica María Trinidad González, productora. El blanco es el más económico, le sigue el azul con un costo de 10 pesos.

Para ella estos precios son muy bajos. “Está pagado muy mal, muy bajo y nos cuesta pagar las yuntas y a quienes lo siembran”.

En su puesto se observan montañitas de pinole, harina para atole y de “burritos”, una golosina hecha con granos de maíz tostados cubiertos con piloncillo y que puede durar hasta seis meses. Un vaso grande de estos productos vale 15 pesos.

Cuando las cosechas son buenas, doña María produce al año entre 20 y 25 costales de este cereal. Posteriormente lo guarda, lo prepara y lo vende de poco en poco para mantenerse.

Junto al crepitar del fuego, varias generaciones de mujeres preparan tortillas verdes y rojas, las cuales son la “novedad” de la feria.

De acuerdo con Enedina Mesa, la razón de que luzcan así es por el xoconostle y el nopal con los que se revuelve la masa. Una docena de ellas se comercializa en 20 pesos.

Desde que tenía 24 años, la vida de Luisa Mendoza ha estado ligada al maíz. A sus 81 años y a pesar de la situación actual, aún piensa seguir con su negocio de antojitos mexicanos. “Nunca pensé dedicarme a otra cosa. Voy a seguir vendiendo hasta que Dios me deje”, dice.

Sobre los problemas que debe enfrentar para sostenerse, afirma, “a veces se vende y otras no, a veces el maíz no crece y entonces tenemos que comprarlo y molerlo. Pero aún así hago mis tlacoyos”.

Al calor del comal, y mientras sus hijas atienden a los clientes, rescata de su memoria los consejos de su suegra, “ella me decía: mira hija, tú no hagas otra cosa. Tenemos maíz, frijol, leña, con eso sale para tu gasto y para lo que vas a comer”.

Lejos de las cotizaciones en los grandes mercados financieros y de la incertidumbre por los precios del grano, para doña Luisa “el maíz es el que nos sostiene, es el que nos da fuerza para seguir”.

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